Pinilla ya está de fiesta. El barrio de la margen izquierda del Duero vivió este lunes 27 uno de los momentos más simbólicos de su programa festivo con el pregón inaugural y la puesta de largo de la Plaza Peñausende, un nuevo espacio llamado a convertirse en punto de encuentro para vecinos, peñas y visitantes.
La tarde comenzó con ambiente de calle, música y muchas ganas de celebración. La Charanga Rotato fue la encargada de animar el recorrido y de poner ritmo a una jornada en la que las peñas volvieron a demostrar que buena parte del alma de estas fiestas nace de la implicación directa de los vecinos.
El pregón corrió a cargo del Balonmano Zamora, recientemente ascendido, en una elección con un significado especial para Pinilla. Varios jugadores del club residen en el barrio y conocen de cerca el esfuerzo realizado durante los últimos años para recuperar unas fiestas que vuelven a crecer desde la participación popular.
Fue un pregón corto, directo y sentido, con palabras de agradecimiento hacia los vecinos de la margen izquierda y hacia todas las personas que trabajan para mantener vivas unas celebraciones que forman parte de la identidad del barrio.
Pinilla ha conseguido recuperar con el esfuerzo colectivo algunas de sus tradiciones más queridas. La romería de Santiago ha vuelto a ocupar su lugar en el calendario, la tradicional cucaña reúne de nuevo a participantes y curiosos, y las charangas y verbenas regresan como una de las propuestas más reclamadas por quienes entienden el verano como un tiempo para salir, compartir y recuperar la vida en las calles.
La inauguración de la Plaza Peñausende añadió un nuevo componente simbólico a la jornada. El barrio gana un espacio público y, al mismo tiempo, reconoce su vinculación con la tierra, con los pueblos de la provincia y con una forma de entender la convivencia basada en el encuentro y la participación.
El acto contó con la presencia del alcalde de Zamora, Francisco Guarido, y de representantes de los distintos grupos políticos municipales. Más allá de siglas y diferencias, la imagen de la jornada fue la de un barrio unido alrededor de sus fiestas y de un programa preparado desde el trabajo vecinal.
Como manda la tradición, corrió la sangría y no faltaron las pastas. Los miembros de la organización se encargaron de repartirlas entre vecinos y visitantes, convirtiendo la inauguración en una celebración abierta, sencilla y cercana.
Una traca marcó oficialmente el comienzo de los festejos, mientras los juegos destinados a los más pequeños completaban una tarde pensada para todas las edades.
Pinilla da así el pistoletazo de salida a unas fiestas que se prolongarán hasta el domingo y que vuelven a demostrar que los barrios permanecen vivos cuando sus vecinos deciden salir a la calle, recuperar sus costumbres y trabajar juntos.
La margen izquierda del Duero ya está en fiestas. Y lo hace con música, memoria, deporte, tradición y orgullo de barrio.