"José Ángel Rivera de las Heras: el hombre que dedicó su vida a cuidar el alma de Zamora"
Porque cuando se marchó el pasado mes de febrero no solo desapareció uno de los mayores expertos en patrimonio de Zamora. También se apagó una de esas voces capaces de explicar una iglesia románica, un retablo olvidado o una pequeña ermita de pueblo con la misma pasión con la que otros hablan de su propia familia.
Este sábado, la provincia le rendirá homenaje con la entrega, a título póstumo, del Premio Tierras de Zamora. Un reconocimiento que llega demasiado tarde para quien nunca buscó reconocimientos, pero que resulta profundamente justo para quien dedicó su vida a cuidar el legado de todos.
Porque José Ángel no entendía el patrimonio como un conjunto de piedras antiguas. Lo entendía como memoria. Como identidad. Como la huella que dejan quienes estuvieron antes que nosotros.
El sacerdote que cuidaba iglesias y personas
Sacerdote, historiador, investigador, escritor, divulgador y apasionado defensor de la cultura zamorana.
Su currículo es tan extenso que resulta imposible resumirlo en unas pocas líneas.
Libros.
Artículos.
Investigaciones.
Conferencias.
Décadas de trabajo recorriendo pueblos, catalogando bienes, documentando obras de arte y explicando a generaciones de zamoranos el valor de aquello que tenían delante y que muchas veces pasaba desapercibido.
Pero quienes le conocieron saben que José Ángel era mucho más que eso.
Era cercanía.
Era conversación.
Era una sonrisa tranquila.
Era la capacidad de escuchar a cualquiera con la misma atención con la que estudiaba un códice medieval.
En tiempos donde todo parece acelerarse, él conservaba la paciencia de quienes entienden que las cosas importantes requieren tiempo.
El ángel custodio del patrimonio zamorano
Pocas personas han hecho tanto por el patrimonio de Zamora.
Durante décadas fue una referencia indiscutible para investigadores, periodistas, historiadores, sacerdotes y vecinos.
Si una iglesia necesitaba ser estudiada, allí estaba José Ángel.
Si aparecía una pieza artística olvidada, allí estaba José Ángel.
Si había que explicar el significado de un retablo, una talla o una pintura, allí estaba José Ángel.
Era una especie de guardián silencioso.
Un hombre que comprendía que proteger el patrimonio no consistía únicamente en conservar edificios.
Consistía en transmitir su significado.
Porque un pueblo que desconoce su historia corre el riesgo de perderla.
Y él dedicó su vida precisamente a evitarlo.
San Frontis y el hogar de una vida
La iglesia de San Frontis fue mucho más que su destino pastoral. Fue su casa. Su refugio.
El lugar desde el que observaba una Zamora que conocía como pocos.
Desde allí siguió investigando, escribiendo, enseñando y acompañando a quienes acudían a él buscando conocimiento, consejo o simplemente conversación.
Por eso quienes compartieron con él años de amistad hablan hoy de un vacío difícil de llenar.
Porque José Ángel pertenecía a esa generación de sacerdotes cultos, humanistas y profundamente comprometidos con las personas y con la cultura.
Un legado que permanecerá
La entrega del Premio Tierras de Zamora no devolverá a José Ángel Rivera de las Heras a quienes le echaron de menos estos meses. No aliviará la tristeza de familiares, amigos o compañeros.
Pero sí servirá para recordar algo importante. Que Zamora es hoy mejor gracias a personas como él. Que muchas iglesias siguen en pie porque alguien las estudió, las defendió y explicó su valor.
Que buena parte de la memoria artística de esta tierra lleva su firma. Y que las futuras generaciones seguirán consultando sus libros para entender quiénes fuimos.
A veces se habla de custodios del patrimonio. José Ángel fue algo más.
Fue su pastor.
Lo cuidó.
Lo protegió.
Lo explicó.
Y lo quiso.
Como quien cuida algo propio.
Como quien sabe que en esas piedras, en esos retablos y en esas iglesias vive también el alma de una provincia.
Por eso este sábado, cuando Zamora le entregue su último reconocimiento, no estará despidiendo únicamente a un investigador brillante o a un sacerdote ejemplar. Estará dando las gracias a uno de los hombres que más hizo por enseñarnos a querer nuestra propia historia.
Y eso, como el mejor patrimonio, permanecerá para siempre.