Emergencia Nacional... ¿y Zamora qué fue? ¿Un ensayo?

Mientras se activa la Emergencia Nacional por los incendios en otras comunidades, Zamora recuerda el impacto de unas llamas que marcaron para siempre a la provincia. 
IfPorto, noche
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Cuando los incendios de Ávila y Madrid obligan a declarar la Emergencia Nacional, en Zamora resulta inevitable hacerse una pregunta: ¿qué fuimos nosotros en 2022 y qué hemos vuelto a ser después el pasado 2025?

Porque aquí no ardieron unas pocas hectáreas. Aquí se quemó media provincia. Aquí hubo pueblos evacuados, miles de hectáreas reducidas a cenizas, vecinos que perdieron su forma de vida y una herida que todavía sigue abierta en el paisaje y en la memoria colectiva.

Muchos zamoranos tuvieron la sensación de que fuimos el laboratorio donde se aprendió a gestionar las grandes emergencias forestales de España. Llegaron cambios, protocolos nuevos y debates nacionales... pero cuando las llamas devoraban Zamora, la ayuda y las decisiones llegaron demasiado tarde para muchos.

Y, sin embargo, cuatro años después seguimos viendo las mismas imágenes. Los incendios vuelven a poner en jaque a comunidades enteras y el debate vuelve a convertirse en un intercambio de reproches entre partidos.

La derecha culpa a la izquierda. La izquierda culpa a la derecha. Mientras tanto, el monte sigue ardiendo.

Los ciudadanos empiezan a estar cansados de esa política de titulares. Porque el fuego no pregunta a quién votas. No distingue ideologías. Arrasa bosques, explotaciones ganaderas, viviendas y proyectos de vida.

Zamora sabe mucho de sufrimiento. También sabe de resiliencia. Lo demostraron los vecinos que defendieron sus pueblos con tractores, cubas de agua y una solidaridad que jamás aparecerá completa en los informes oficiales.

Lo que cada vez cuesta más soportar es la idiotez política. Esa que convierte cada incendio en una batalla parlamentaria en lugar de una oportunidad para aprender.

Porque si después de 2022 y de los grandes incendios posteriores de 2025 seguimos discutiendo exactamente lo mismo, entonces el problema no está únicamente en el monte. Está en quienes siguen sin ser capaces de sentarse, acordar una estrategia forestal estable y pensar más allá de la siguiente rueda de prensa.

Zamora ya pagó un precio demasiado alto para que todo continúe igual.

La verdadera Emergencia Nacional no empieza cuando se activa un protocolo. Empieza cuando un país descubre que, incendio tras incendio, sigue tropezando con las mismas piedras y nadie parece dispuesto a retirarlas del camino.

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