La provincia de Zamora cerrará la campaña de cereal de invierno con una producción estimada de 434.000 toneladas, lo que supone un descenso del 38 % respecto a la excelente cosecha del año pasado, según los datos avanzados por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental durante la reunión del Consejo Regional Agrario de Castilla y León.
Pese a esta importante reducción, Zamora figura entre las provincias menos afectadas por la caída de la producción en la Comunidad, junto con Burgos. Además, la cosecha prevista se sitúa únicamente un 8 % por debajo de la media de los últimos cinco años, lo que refleja un comportamiento más favorable que el registrado en otras provincias.
A nivel autonómico, la producción de cereal de invierno alcanzará los 4,90 millones de toneladas, un 42 % menos que en la campaña anterior y un 20 % por debajo de la media de los últimos cinco y diez años.
La Consejería atribuye este descenso tanto a la reducción de la superficie sembrada como a la caída de los rendimientos. Las abundantes lluvias durante el periodo de siembra impidieron cultivar numerosas parcelas, que finalmente se destinaron a cultivos de primavera, principalmente girasol, o quedaron en barbecho. A ello se suman el incremento de los costes de producción y las bajas cotizaciones del cereal, factores que han llevado a muchos agricultores a optar por alternativas con menores necesidades de insumos.
En cuanto a los rendimientos, Zamora vuelve a situarse entre las provincias con menor impacto gracias a su mayor superficie de regadío. Mientras la media regional se estima en 3.100 kilogramos por hectárea, un tercio menos que el pasado año, la provincia zamorana ha logrado amortiguar la caída frente a otros territorios donde las pérdidas superan el 40 %.
El consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino, advirtió de que la campaña se presenta especialmente complicada para el sector, ya que la menor producción coincide con un incremento de los costes de los insumos y unas cotizaciones del cereal que siguen siendo bajas, lo que reduce la rentabilidad de las explotaciones agrícolas.