“Bomberos y voluntarios trabajan hasta con las uñas”: el testimonio desde Zamora de un venezolano sobre el terremoto en Venezuela

Manuel Miguel Contreras, vecino de la capital desde hace quince años, sigue desde la distancia la tragedia que ha golpeado a su familia en Caracas mientras los equipos de rescate denuncian falta de medios y graves trabas burocráticas
Portada
photo_camera Una joven venezolana junto a un inmueble derruido por el doble terremoto de Venezuela. Foto cedida por Manuel Miguel

Han sido 36 segundos que cambiaron completamente la vida de miles de personas”, resume Manuel Miguel Contreras, vecino de Zamora y natural de Caracas, al tratar de explicar una tragedia que sigue viviendo a diario desde la distancia, con su familia y su entorno más cercano atrapados en el escenario devastado por el doble terremoto que ha sacudido Venezuela.

Aunque lleva quince años residiendo en España, su historia personal mantiene un vínculo directo con el país de origen de sus padres y su propia infancia, ya que sus progenitores llegaron a Zamora hace ocho años y su hermana hace nueve, siguiendo el recorrido inverso al de sus abuelos, zamoranos que emigraron a Venezuela tras la posguerra, lo que hoy convierte la tragedia en un punto de conexión entre ambas orillas del Atlántico.

En ese contexto, Manuel explica que su familia directa no ha sufrido pérdidas humanas, aunque sí importantes daños materiales, ya que el apartamento de una tía abuela, que resultó herida en un pie, quedó gravemente afectado por el derrumbe de tabiques interiores, lo que obligó a su evacuación inmediata en una situación especialmente delicada al tratarse de una persona con movilidad reducida, que tuvo que ser acogida por su cuidadora habitual en medio de un colapso de comunicaciones que dificultó cualquier respuesta organizada.

v5
Apartamento de la tía abuela de Manuel Miguel tras el doble seísmo

A ello se suman daños en otras viviendas familiares, aunque sin víctimas personales, mientras que las historias más duras llegan desde su círculo de amigos, algunos de los cuales han vivido situaciones extremas como la de un hombre con una hija recién nacida que pasó la noche en un campo de fútbol bajo la lluvia tras huir de su vivienda por riesgo de derrumbe, o la de otro conocido que ha perdido por completo su apartamento en La Guaira y continúa sin noticias de varios allegados que podrían seguir atrapados entre los escombros.

Las esperanzas de encontrarlos con vida son muy pocas ya”, admite Manuel, que mantiene contacto permanente con personas implicadas en las labores de rescate.

Desde esos testimonios llega un diagnóstico que se repite de forma constante: la falta de medios está condicionando gravemente la respuesta en las zonas más afectadas. Uno de los voluntarios desplazados describe la situación con una frase que se ha convertido en habitual entre los equipos de emergencia: “Bomberos, Protección Civil y voluntarios trabajan hasta con las uñas”, una expresión que resume tanto la escasez de recursos como la sobrecarga de quienes intentan intervenir sobre el terreno.

A esa falta de medios se suma, según explica, un sistema de acceso especialmente lento entre Caracas y La Guaira, donde es necesario tramitar un salvoconducto en el Poliedro, un procedimiento que provoca esperas de varias horas y fallos recurrentes del sistema, dejando a paramédicos, obreros y voluntarios sin posibilidad de desplazarse con rapidez hacia las zonas críticas, en un momento en el que cada minuto resulta determinante.

Pese a ello, Manuel subraya que la respuesta ciudadana se ha convertido en uno de los principales pilares de la emergencia, ya que en numerosos puntos se han organizado redes espontáneas de ayuda para repartir alimentos, atender a los afectados y colaborar en las labores de rescate allí donde todavía existe la posibilidad de encontrar supervivientes entre los escombros. “La gente está ayudando a la gente”, resume.

En paralelo, la situación continúa marcada por episodios puntuales de saqueos, especialmente en zonas de La Guaira, mientras que en Caracas la preocupación principal se centra en la inestabilidad estructural de numerosos edificios y en las continuas réplicas que mantienen en alerta a la población, a lo que se suman cortes de gas en algunos barrios tras explosiones provocadas por fugas en instalaciones dañadas por los seísmos.

Manuel insiste en que la dimensión de la tragedia no puede entenderse únicamente desde el impacto del terremoto, sino también desde la vulnerabilidad previa de determinadas zonas urbanas, recordando que desde su etapa escolar se advertía de la inestabilidad geológica de áreas como Los Palos Grandes, construidas sobre suelos especialmente frágiles, lo que a su juicio debería haber motivado medidas de prevención más firmes. “Se conocían los riesgos, pero no se actuó para reducir sus consecuencias”, lamenta.

Mientras los equipos internacionales continúan la búsqueda entre los escombros y el recuento de víctimas sigue aumentando, él permanece pendiente de cada actualización que llega desde Caracas, consciente de que, aunque su vida transcurre en Zamora, una parte esencial de su historia sigue atrapada en unos pocos segundos que han cambiado todo.

Comentarios