El consumo de sustancias psicoactivas rara vez es un fenómeno aislado. En España, el policonsumo, entendido como la combinación de dos o más drogas, se ha consolidado como una de las formas de adicción más frecuentes y preocupantes por su impacto directo en la salud mental y física de quienes lo practican.
Cerca del 40% de las personas consumidoras reconoce mezclar sustancias, entre ellas alcohol, cannabis, cocaína, tabaco o hipnosedantes, una práctica que multiplica los riesgos y complica tanto el diagnóstico como el tratamiento de las adicciones.
El fenómeno se aborda en una nueva nota informativa centrada en el testimonio de Amin, paciente en recuperación de Esvidas, quien relata cómo el consumo pasó de ser una vía puntual de escape a convertirse en una necesidad diaria para poder funcionar. “O estaba consumiendo o estaba derrotado intentando recuperarme. Mi día a día era lamentable. No tenía días normales”, explica.
Desde la dirección de Esvidas, el especialista en adicciones José Manuel Zaldúa subraya que el policonsumo “acelera enormemente el deterioro emocional y mental porque cada sustancia altera el equilibrio del cerebro y multiplica la dependencia”.
Los expertos advierten de que este patrón no aparece de forma repentina, sino que se desarrolla de manera progresiva. En muchos casos, una sustancia deja de producir el efecto esperado y se recurre a otra para compensarlo, generando una dinámica de dependencia cruzada difícil de romper.
Amin describe ese proceso como un punto de inflexión en su consumo: “Hubo un momento en el que probé otra sustancia y ahí fue cuando se desbocó todo”. A partir de ahí, el uso combinado se convirtió en una constante para afrontar tanto la actividad diaria como el descanso nocturno.
“Necesitaba consumir una cosa para aguantar el día y otra para intentar dormir. Llegó un momento en el que ya nada me hacía efecto y empecé a tener paranoias, pensamientos persecutorios y brotes”, relata.
Desde Esvidas se advierte de que muchas personas llegan a tratamiento en un estado de agotamiento emocional extremo, sin herramientas para gestionar la ansiedad, la frustración o la tristeza sin recurrir a sustancias. Además, el perfil del policonsumo es cada vez más amplio y heterogéneo, afectando a adolescentes, estudiantes, trabajadores y personas con aparente estabilidad vital.
“El problema es que muchas personas tardan años en entender que tienen una adicción porque siguen trabajando, relacionándose o manteniendo una vida aparentemente normal”, señalan desde el centro especializado.
La recuperación, en muchos casos, comienza cuando se reconoce la pérdida de control. Amin resume ese proceso en una idea clave: “La sanación llega cuando aceptas que eres vulnerable ante la enfermedad y que no puedes seguir luchando solo”.
Los especialistas insisten en que el abordaje terapéutico del policonsumo requiere intervenir no solo sobre la abstinencia, sino también sobre los factores emocionales que lo originan, como el trauma, la ansiedad o el malestar psicológico persistente.