Expertos en seguridad alimentaria advierten que algunos productos representan un riesgo real para la salud si se consumen pasada su fecha de caducidad. Mientras ciertos alimentos pueden tolerar unos días extra, otros se vuelven peligrosos de inmediato.
La diferencia entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente es clave. La primera indica el límite de seguridad, mientras que la segunda señala el momento hasta el cual un alimento mantiene su calidad óptima, pero no necesariamente implica un riesgo inmediato al consumirlo después.
Según especialistas del Servicio de Inspección y Seguridad Alimentaria y la Administración de Alimentos y Medicamentos, ciertos productos deben desecharse sin excepción una vez superada su fecha de caducidad. Entre ellos se encuentran carnes frescas, pollo, pescados crudos, quesos blandos y huevos, que pueden convertirse en focos de bacterias peligrosas como la salmonela o la listeria. El consumo de estos alimentos puede derivar en intoxicaciones graves y otras complicaciones de salud.
Además de respetar las fechas de caducidad, los especialistas insisten en seguir las instrucciones de almacenamiento y conservación indicadas en los envases. Estos lineamientos no son meras sugerencias: mantener las condiciones adecuadas reduce significativamente el riesgo de enfermedades, incluso antes de llegar a la fecha límite.
Por otro lado, productos como yogures, pan de molde, bollería, galletas, frutos secos, pastas, arroces, legumbres, embutidos y quesos curados cuentan con fecha de consumo preferente y, si se almacenan correctamente, pueden consumirse días después sin comprometer la salud.