El animal, lejos de mostrar miedo, campeaba a sus anchas mientras era grabado por un copiloto desde un camión en marcha. En el breve vídeo —tomado con el móvil— se ve claramente cómo el cánido cruza la carretera de lado a lado, sin alterarse por el tráfico, incluso mirando con descaro hacia el vehículo que lo observaba. Una estampa tan salvaje como impactante.
No es la primera vez que se alerta de la presencia de lobos en las inmediaciones de la ciudad, pero sí una de las pocas veces que se les ve tan cerca del núcleo urbano y con tanta nitidez. Tradicionalmente, la problemática se ha centrado en las manadas del norte del Duero, pero cada vez son más frecuentes los encuentros en la zona sur, donde los ataques al ganado se multiplican en busca de alimento fácil.
Lo de esta noche no es un hecho aislado, aunque siempre sorprende la naturalidad con la que un animal tan emblemático como temido se deja ver tan cerca de Morales del Vino y del propio casco urbano de Zamora. La imagen pone sobre la mesa el debate sobre la convivencia del lobo con las actividades humanas y la necesidad de actuar en materia de gestión, control y prevención, especialmente en zonas ganaderas sensibles.
Zamora, con su riqueza natural y su proximidad a áreas silvestres, sigue siendo territorio lobero. Pero cuando la frontera entre lo salvaje y lo urbano se difumina, el impacto, la inquietud —y la fascinación— no tardan en aparecer. Esta noche, el protagonista ha sido un lobo. Y su mirada, tan fija como libre, nos recuerda que la naturaleza siempre reclama su espacio.