Un recorrido entre el recogimiento y la devoción
El cortejo avanzó por la cuesta de San Vicente para adentrarse en el corazón de la ciudad:
- Calle del Riego
- San Torcuato
- Plaza de Alemania
- Alfonso IX
- Santa Clara
- Plaza de Sagasta
- Renova
Hasta alcanzar la Plaza Mayor, donde aguardaba uno de los momentos más esperados.
Zamora no solo mira.
Zamora siente.
La Salve que detiene el tiempo
En la Plaza Mayor, el silencio se hizo aún más profundo.
La imagen de Nuestra Madre se detuvo.
Y entonces, la ciudad respondió.
El Coro Sacro Jerónimo Aguado interpretó la Salve, en un instante que volvió a erizar la piel de quienes llenaban el espacio.
No fue un canto más.
Fue un susurro colectivo.
Un homenaje.
Una oración compartida.
Tradición y relevo generacional
La cofradía volvió a demostrar que tradición y futuro pueden caminar juntos.
Sin perder la austeridad que la define, la participación de nuevas generaciones marcó el pulso del cortejo.
Hermanos y damas acompañaron a la Virgen en su dolor, en una procesión que mantiene intacto su espíritu.
Y este año, además, con una novedad significativa:
👉 el estreno de la Banda de Nuestra Madre
Un acompañamiento que reforzó la identidad del cortejo sin romper su esencia.
El regreso, con la emoción intacta
Tras la Salve, la procesión emprendió el regreso por Mariano Benlliure, plaza del Fresco y calle de San Vicente, cerrando una jornada que Zamora volvió a vivir en la calle.
Multitud.
Respeto.
Y una ciudad entregada.
Reflexión Zamora News
La noche del Viernes Santo no se explica.
Se siente.
Es el dolor de una madre.
Es el silencio de una ciudad.
Y es Zamora, una vez más, recordando que su Semana Santa no necesita artificios.
👉 Solo verdad.
👉 Solo emoción.
👉 Y una mirada que lo dice todo.