viernes 21/1/22

En una ciudad donde se prefiere un simple velo de tela negra a un manto, donde las lágrimas son de cristal, donde nunca se vio una Soledad tan acompañada y donde la luz emana de tulipas, hay silencio donde tenía que haber una Salve.

Se va apagando Zamora con cientos de coche saliendo a otras ciudades. Se va quedando en Soledad. Va quemando inexorablemente reposteros y hay un sentimiento de tristeza generalizado. La Pasión va tocando a su fin cuando acaba el Viernes Santo y nos quedamos los de dentro. Para rezarle bajito a nuestra Soledad.

Las maletas que se deshacían hace una semana están ya guardadas en los maleteros y las túnicas empiezan a buscar su lugar en el armario. Sólo nos queda vivir una tarde de Saábado Santo y una mañana de Resurrección. Y sin embargo todavía nos queda ver a la Señora de Zamora. Señora de luto que durante toda la semana ha recibido miles de visitas en su San Juan del alma.

Una fila cada vez más grande de damas de la Soledad, algunas que apenas caminan solas, de esas que son apuntadas nada más nacer a la Soledad es el corazón de una Zamora que le llora a su madre en silencio y que le reza bajito, muy bajito, para sus adentros, cmo si estuvieran solos en toda la ciudad.

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Las manos entrelazadas, la mirada perdida y unas lágrimas de cristal al son de la Marcha Fúnebre de Chopin con miles de tulipas encendiendo la Plaza Mayor, dando calor a una madre en Soledad. Y la Salve que canta toda Zamora, algunos desde la lejanía, algunos ya camino de sus casas mirando la estampita que llevan en el coche. Algunos desde sus casas. La Salve que una a toda la ciudad.

Y cuando la Señora de Zamora se marcha, todas las tulipas se levantan, como se levantaron las cruces en la mañana del Viernes Santo, entregándole nuestras almas y plegarias hasta el próximo año. Dejándolas en tus manos, Soledad.

 

En tus manos, Soledad
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