lunes 24/1/22

Zamora duerme agarrada a una cruz inclinada. Cristo de la Buena Muerte que siempre recorre las calles en silencio. Agarrado a las callejuelas más estrechas y las rúas más empinadas. Siempre entre tinieblas. Siempre entre teas.

Crepitea el fuego en Balborraz dejando una imagen icónica de la Pasión zamorana. No hay una calle que nos regale dos momentos tan diferentes y, a la vez, con tanto arraigo en la ciudad. La lluvia, compañera de viaje de este Lunes Santo, no habría sido capaz de apagar las teas.

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La noche del Lunes Santo es la primera en la que Zamora apenas duerme. Las ojeras del Martes Santo se aceptan con una sonrisa cómplice al otro lado. El Jerusalem es el único sustento necesario para iniciar un nuevo día.

La Buena Muerte esconde decenas de rincones maravillosos donde el tiempo parece haberse parado en el medievo. Rincones que hoy están vacíos. Con sus gotas de lluvia cayendo, su suelo empedraado y su oscuridad.

Crepitar entre tinieblas
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