viernes 21/1/22

Que frías son las piedras de San Claudio cuando nadie baja a verlas. Que calmado baja el Duero por los puentes de Zamora sin nadie que se acerque a escucharlo. Que oscuro está Olivares sin la luz de un farol. Que poco abriga la capa parda si no es en la noche zamorana. Que lejos suena el Miserere en un Aliste que lleva años muriéndose.

"Ten mi Dios, mi bien, mi amor, misericordia de mi" habría sido lo primero que habría sonado para quebrar el silencio que aplaca el bombardino con su toque lúgrube. Habría crujido la matraca como crujen los maderos que han forjado las casas de los pueblos zamoranos. Habría iluminado la noche una luna casi llena que anuncia que ya es Jueves Santo en Zamora en cuanto salgan los primeros rayos del sol por Cabañales.

Ya no sonarán campanas en la ciudad más que para anunciar la muerte aunque estos días tocan demasiadas veces al día. La ciudad se acostaría para vivir el día más largo del año: el Jueves Santo. Un día de Esperanza, de agarrarse a la cruz, de trasnochar y celebrar con los tuyos.

Que lejos queda el último día que te vimos por las calles de Zamora.

Al Amparo de San Claudio
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