Hay pueblos que llevan su historia escrita en las calles. Ribadelago es uno de ellos. Pero este sábado sus vecinos han querido escribir también otra página: la de un pueblo que, décadas después de la tragedia que lo cambió para siempre, se niega a aceptar que el abandono forme parte de su destino.
A las 19:30 horas, los vecinos han echado a andar desde La Moral, en Ribadelago Viejo, para terminar en Ribadelago Nuevo. No lo han hecho para recordar únicamente el pasado, sino para reclamar que el presente de Ribadelago también importe.
La manifestación ha recorrido este sábado las dos localidades bajo un lema que resume el sentimiento de los convocantes: «La tragedia pasó. El abandono continúa. Por un futuro digno para Ribadelago».
Y detrás de esa frase hay una larga lista de problemas cotidianos que los vecinos llevan tiempo reclamando a las administraciones.
Uno de los más visibles está en el camino público de La Retuerta, que comunica Ribadelago Nuevo con Ribadelago Viejo. Los vecinos denuncian el mal estado de esta vía, plagada de baches y socavones, y reclaman una reparación que permita transitar por ella con seguridad.
Pero el deterioro de un camino es solo una parte de lo que los vecinos quieren poner sobre la mesa.
También reclaman garantías sobre la potabilidad del agua de Ribadelago Nuevo, una cuestión que continúa generando preocupación entre los residentes, especialmente teniendo en cuenta el coste que, según denuncian, soportan por este servicio.
Un pueblo turístico con problemas que no deberían existir
Ribadelago vive rodeado de uno de los paisajes naturales más conocidos de Castilla y León. Sin embargo, sus vecinos consideran que esa imagen turística contrasta con la situación que encuentran quienes viven allí durante todo el año.
La falta de limpieza y mantenimiento de los espacios públicos es otra de las denuncias trasladadas por los convocantes, que consideran difícil de entender que un enclave de estas características presente signos de abandono.
A ello se añaden problemas aparentemente pequeños, pero que terminan dibujando un mapa de carencias: dificultades para recibir determinados canales de televisión y emisoras de radio y, especialmente, la ausencia de fibra óptica en Ribadelago Viejo.
En pleno 2026, los vecinos consideran que esta situación mantiene al núcleo histórico en una especie de aislamiento digital.
Ribadelago Viejo, mucho más que un pueblo abandonado
Pero si hay un lugar que concentra buena parte del malestar es Ribadelago Viejo.
Sus calles y construcciones forman parte de la memoria de la tragedia de 1959, cuando la rotura de la presa de Vega de Tera provocó una riada que arrasó el pueblo y causó la muerte de 144 personas.
Para los vecinos, aquel lugar debería ser hoy un espacio de memoria cuidado y protegido, acorde con su enorme significado histórico.
Recuerdan que Ribadelago Viejo se encuentra dentro del entorno del Parque Natural del Lago de Sanabria y que una parte de su patrimonio cuenta con protección como Bien de Interés Cultural. Por ello reclaman que las administraciones se impliquen de manera efectiva en su conservación, limpieza, puesta en valor y promoción.
El miedo a que vuelva a ocurrir lo que nadie quiere repetir
La manifestación también ha mirado hacia otro de los grandes riesgos del territorio: los incendios forestales.
Los vecinos recuerdan que los grandes incendios del pasado año llegaron a poner en riesgo Ribadelago y reclaman que los alrededores de los núcleos habitados permanezcan limpios y desbrozados.
No quieren esperar a que vuelva a producirse una situación de emergencia para actuar.
Las reivindicaciones planteadas durante la movilización tienen, por tanto, poco de extraordinarias: un camino transitable, agua con garantías, limpieza, telecomunicaciones, patrimonio protegido y prevención frente a los incendios.
Son, sostienen los vecinos, las condiciones mínimas para que un pueblo pueda seguir teniendo futuro.
Y por eso este sábado Ribadelago ha vuelto a caminar. Desde el pueblo viejo al pueblo nuevo, desde la memoria de quienes ya no están hasta las necesidades de quienes todavía viven allí.