Cuaderno de bitácora motera: la mejor terapia comienza camino de Sanabria

Hay terapias que no necesitan consulta, ni receta, ni bata blanca. Basta con una moto lista, el depósito lleno y un destino marcado en el horizonte. Un año más, y ya van treinta y dos, el rumbo vuelve a apuntar hacia la cita de plata del motociclismo zamorano: la Concentración Internacional Motos Sanabria y el incomparable Lago de Sanabria.
 ZA-P-2663 la carretera más bonita de Sanabria
photo_camera ZA-P-2663 la carretera más bonita de Sanabria

La N-525 será la fiel compañera hasta Palacios de Sanabria. Los primeros kilómetros siempre sirven para dejar atrás el ruido cotidiano y comenzar a escuchar únicamente el motor, el viento y la música que suena en el intercomunicador.

El Puente de la Estrella obliga a detenerse unos segundos por su semáforo. Tiempo suficiente para ajustar el casco, recolocar la chaqueta, subir la cremallera del pantalón y cambiar la lista de reproducción. Comienza el verdadero viaje.

Pasado Pozuelo de Tábara, con el radar de tramo respetado escrupulosamente a 90 kilómetros por hora, el paisaje ofrece dos realidades bien distintas. A la izquierda, un inmenso mar de cristal formado por placas solares. A la derecha, las cicatrices todavía visibles de los incendios que castigaron la provincia en veranos pasados. Los operarios trabajan colocando kilómetros de vallado para evitar que la fauna salvaje invada la carretera y siga provocando accidentes. Aunque, bien pensado, los que llegaron primero fueron ellos.

La primera parada llega en Otero. Coca-Cola bien fría, un cigarrillo de esos que saben diferente cuando se viaja y un vistazo al teléfono. La conversación deriva hacia el Mundial de fútbol, las sorpresas de algunas selecciones y, casi sin saber cómo, aparece en la charla el Mirador del Muelo. Quien descubre aquel balcón sobre Sanabria siempre acaba regresando.

De nuevo en marcha. Poco después aparecen las obras que renuevan el firme justo antes de las conocidas curvas contraperaltadas, esas que invitan a conducir con prudencia mientras anuncian la entrada en la Carballeda. Cambia el aire, cambia el olor y la temperatura comienza a refrescar.

Otra breve parada en el cruce de Santa Eulalia de Rionegro, también afectado por las obras, y el verde empieza a dominar completamente el paisaje. La carretera ya anuncia que Sanabria está cerca.

Mombuey nunca pasa desapercibido. Tierra de buenas empanadas, del pan elaborado como antaño y parada obligatoria para muchos viajeros. Apenas unos kilómetros después, a la izquierda, aparece la finca de Luis Roldán, inevitable recuerdo de uno de los episodios más mediáticos de la historia reciente de España.

Los kilómetros continúan atravesando Asturianos y, finalmente, Palacios de Sanabria. Allí llega uno de los momentos más esperados de cada viaje. En el desvío hacia Remesal comienza la ZA-2663, probablemente la carretera más hermosa de toda la provincia de Zamora.

Aquí ya no importa la velocidad. La pantalla del casco se levanta para dejar entrar el aire fresco, el aroma de los robles, los helechos y los castaños. Cada curva conduce a pequeños pueblos que parecen sacados de un cuento de meigas y gnomos. Ferreros, Paramio, Robleda, Valdespino... nombres que forman parte del alma sanabresa.

Y entonces aparece él. El famoso puente que primero se sube y después se cruza. Bajo él espera el barrio de La Gafa y, unos metros más adelante, El Puente de Sanabria.

El río Tera baja espléndido. La plaza donde cada lunes se celebra el mercadillo ya comienza a llenarse de ambiente. La oficina de turismo luce abierta, los carteles de inscripción esperan a los primeros motoristas y la organización ultima cada detalle.

La terapia comenzó muchos kilómetros atrás, en el mismo instante en que arrancó el motor. Ahora solo queda vivir una concentración que, para miles de motoristas, es mucho más que un encuentro de motos.

Es, sencillamente, una forma de entender la libertad.

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