miércoles 18/5/22

La entrega de un alistano a la formación de los noveles madrileños

José María Fernández, alistano de corazón, regresará con más frecuencia a su querido Vega de Nuez tras una merecida jubilación y más de 22 años dedicados a la docencia automovilística

José María, de Vega de Nuez
José María, de Vega de Nuez

El primer día de jubilación dejaba en José María una sensación de lo más extraña. Tras cincuenta años cotizando a la Seguridad Social, este alistano de corazón ponía fin el pasado 30 de junio a una larga vida laboral. Natural de Vega de Nuez y residente en Madrid desde su adolescencia, José María deja a un lado su papel como docente y supervisor de los futuros conductores para ponerse al volante de su autocaravana y dedicarse por entero a su huerta, dos de sus grandes pasiones junto a sus nietos y la edición audiovisual. Lo hace con la satisfacción del trabajo bien hecho, algo que corroboran sus centenares de exalumnos y sus numerosos compañeros. También todo aquel que lo conoce o que lo escucha, con una voz que derrocha ilusión y una profunda inquietud.

Han sido 41 años dedicados a la docencia -22 de ellos a tiempo completo-, unas mieles que ya saboreó durante su estancia en la mili y en su incursión profesional en la Caja Postal. De las teóricas de armamento y los seminarios sobre finanzas a ser el fiel escudero de los jóvenes -y no tan jóvenes- que se subían por primera vez al asiento del conductor, el salto a la autoescuela llegó por casualidad.

Fue un amigo de la infancia quien le animó a aprovechar las tardes libres para sacarse el título de profesor de autoescuela, sabiendo del profundo interés que mostraba José María por el mundo de la educación. “A mí la enseñanza me apasiona”. Ya como director de zona, cuando Caja Postal formaba parte de Argentaria -una corporación bancaria que integró a todos los bancos de titularidad pública entre 1991 y 1999-, este alistano aprovechaba las tardes libres para sacar las oposiciones, como ya en su día hizo con las de auxiliar administrativo y ejecutivo. Con tan sólo 25 años, José María contaba con tres oposiciones aprobadas. 

José María, de Vega de Nuez

“A mí, que siempre me ha gustado estudiar todo lo que se me ponga por delante, pues allá que me lancé”, recuerda José María entre risas. “Ese título que lo saqué casi por casualidad me gustó mucho”. En ese afán por aprender y que le llevó a escalar todos los puestos en la banca, José María descubrió el gusto por la pedagogía y psicología, pero también de la electricidad y mecánica del automóvil.

Fue precisamente esta materia la primera que impartió en la autoescuela Helguera -ahora franquicia de Gala, que cuenta con un gran recorrido en la capital-. La “clase que no quería nadie” marcó sus inicios como docente, que combinaba con la banca. Los escasos huecos libres los complementaba con alguna clase práctica para refrescar las habilidades y conocimientos adquiridos.

Fueron años duros, de combinar dos trabajos pero que José María llevaba con la mayor naturalidad posible y una entereza admirable. En 2004, y tras 34 años dedicados a las administraciones y finanzas, José María aprovechó la ola de las fusiones bancarias para poner fin a una etapa para dedicarse por entero a su pasión.

Atrás quedaban sus inicios en la Caja Postal como botones personal del tesorero del banco, un hombre de una pequeña aldea de Oviedo que supo introducirle en la terminología básica del mundo de la empresa y de la economía gracias a ejemplos de la vida diario en los pueblos. Así, de una manera llana y sencilla, José María aparcó sus expectativas de estudiar Medicina y apostó por la UNED y por el robusto sistema de formación específica con la que contaba el banco para ascender.

José María, de Vega de Nuez

“Años después la mayor de las satisfacciones es que alumnos te llamen o te paren y te recuerden, además de como un buen profesor, como una buena persona”, recuerda. Satisfacciones, pero también anécdotas de una profesión que, aunque casual, se convirtió en su vida.

Ya sin la presión de los trabajos por objetivos, el día a día reafirmaba a José María en su decisión de apostar por una vida más tranquila, pero igualmente entregada a la autoescuela. Tanto que, llegado el momento, decidió prorrogar su vida laboral amparado en la modalidad de la jubilación activa.

Ahora con 66 años y todas las metas laborales alcanzadas, a José María no le queda más que disfrutar de una merecida jubilación, recorriendo España con la autocaravana que adquirió gracias a parte de la indemnización tras su salida del banco y siempre “a caballo” entre Madrid y Vega de Nuez, su hogar. La debilidad por sus nietos y su mujer le mantienen en la capital, mientras su vista ya está puesta en su huerto y sus vecinos de toda la vida. Los mismos que le reciben siempre con el mismo cariño y que esperan su llegada a mediados de julio, ya sin el lastre de las citas para la vacunación que le ha obligado a postergar su viaje dos semanas.

José María, de Vega de Nuez  

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