miércoles 18/5/22

La descendiente de Bretó de la Ribera que se coronó Miss Euskadi y le regaló una corbata al rey Juan Carlos

Sara Lahidalga Benéitez, cuyos abuelos maternos son del pueblo desde el que se puede observar la confluencia de los ríos Esla, Órbigo y Tera, fue elegida la más guapa del País Vasco en 2020 y representó el pasado mes de mayo a su comunidad en el certamen de Miss España

De niña se consideraba un patito feo y estaba acomplejada por su altura, pero se enfrentó a las cámaras en 4º de Primaria cuando ganó el concurso ¿Qué es un rey para ti", que le permitió conocer al monarca y acudir al Palacio de la Zarzuela

Sara Lahidalga Benéitez, tras ser elegida Miss Euskadi
Sara Lahidalga Benéitez, tras ser elegida Miss Euskadi

De niña se sentía un patito feo y estaba acomplejada por su altura. Hoy, luce la corona como la mujer más guapa de Euskadi y se siente orgullosa de su sangre zamorana y de la localidad natal de sus abuelos maternos, Bretó de la Ribera, que visitaba de muy niña desde Vitoria, donde reside. De hecho, confiesa que tiene una cuenta pendiente con su pueblo, que tanto la ha animado en estos primeros pasos por las pasarelas, una deuda que quiere pagar este verano reencontrándose con sus vecinos.

Sara Lahidalga Benéitez, de 23 años, está a punto de lograr su diploma en Enfermería y, ahora, es una enamorada de un mundo, el de la pasarela, que desconocía. Hasta hace un par de años ni se maquillaba ni calzaba tacones, pero tras su paso por el certamen Miss Grand Euskadi dice haber descubierto un universo que ha supuesto para ella "un crecimiento personal". Lejos de sentirse "denigrada como mujer", asegura que el concurso de belleza, al que llegó tras quedar segunda finalista en Miss Araba 2019, le ha enseñado a "valorarme más" y a enorgullecerse de su altura, los 1,78 centímetros que tanto la acomplejaron en  su infancia.

Aún recuerda la "tremenda emoción" que sintió el 19 de julio de 2020 cuando la coronaron Miss Euskadi. "Me sentía feliz y valorada", afirma, aunque no niega "la enorme responsabilidad" que también le "cayó" encima. "Hay mucha gente que apuesta por ti, que está a tu lado: familia, amigos, mis compañeros de trabajo...y no los quieres defraudar", señala. Esa noche apenas durmió 4 horas y a las 7 de la mañana ya estaba lista para cumplir su labor social en Cruz Roja tras reinar en el certamen.

También ha habido momentos menos alegres. El último, el pasado 17 de mayo cuando no fue clasificada para competir en Miss Grand España. La mala pata le acompañó. Antes de salir a desfilar, se fracturó el pie aunque logró pisar la pasarela, eso sí, con dos dedos fisurados. "Intenté hacerlo lo mejor posible, pero con la lesión era difícil", lamenta Sara Lahidalga. "Fue una decepción, pero no era mi momento", indica, consciente de que existen más oportunidades y que un fracaso puede ser el primer paso para muchos logros. "Quedé segunda en Miss Araba y al final gané el certamen de Miss Euskadi", afirma.

Aun así, se muestra "contenta" con la oportunidad y recalca que ha sido una "experiencia muy bonita", durante la que ha hecho "buenas migas" con muchas de las candidatas, incluida la ganadora, Miss Costa Canaria, de la que dice fue "justa ganadora".

"Hemos creado un grupo de Whatsapp para visitarnos", revela, tras subrayar que "aunque se piense que nos llevamos mal, las concursantes nos ayudamos y damos consejos, aunque existe la competencia porque somos 27 candidatas y 1 sola corona". Tras este paso, confiesa que va a por todas y su máximo sueño ahora sería poder representar a España en el certamen internacional de belleza.

No era la primera vez que Sara Lahidalga se enfrentaba a las cámaras. Cuando estudiaba 4º de Primaria en el Colegio del Sagrado Corazón de Vitoria ganó el concurso ¿Qué es un rey para ti?. Durante la recepción de los ganadores de todas las comunidades en el Palacio de la Zarzuela, la niña que entonces se veía demasiado alta le regaló una corbata roja con "pintas" blancas al entonces rey Juan Carlos, hoy Emérito.

Regalo de una corbata al rey emérito

Su relato ganador versaba sobre los colores de las corbatas que utilizaba el monarca para cada ocasión y la redacción iba acompañada de un pequeño armario con corbatas, una botas y algunos trajes de Ken, el novio de Barbie. "Mi abuela me ayudó a coser las corbatas que protagonizaban mi historia y con todo me fui para la Zarzuela", recuerda. Si hoy es reina de la belleza, con 10 años se sintió "una auténtica princesa", recorriendo un palacio acompañada de Juan Carlos I y Doña Sofía y los entonces príncipes, Felipe y Leticia, vestida con sus mejores galas y con una corte de periodistas que "nos hacían muchas preguntas".

De aquella experiencia rememora la simpatía del hoy defenestrado rey emérito con la ocurrencia de aquella niña y sus trajes de un muñeco. También le debió gustar la corbata porque "se la he visto puesta en varias ocasiones", subraya la joven enfermera entre risas.

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