lunes. 22.04.2024
Ashley Viloria junto a su madre Carolina antes de salir a desfilar (1). Imagen cedida
Ashley Viloria junto a su madre Carolina antes de salir a desfilar (1). Imagen cedida

Con apenas dieciocho meses de edad, Ashley Viloria se encuentra entre los participantes más jóvenes de las procesiones de Semana Santa en Zamora. Con una pasión desde la cuna, ya desfila en cuatro procesiones distintas: el Via Crucis, la Vera Cruz, el Santo Entierro y la Soledad. Esta devoción precoz encuentra sus raíces en la profunda conexión de su madre con las festividades religiosas de la capital.

"En nuestra familia, salir en las procesiones de Semana Santa desde una edad temprana es una tradición que comenzó mi abuelo Pepe con sus hijos y que hemos mantenido generación tras generación", ha explicado su madre, Carolina de Ana. Esta práctica no es simplemente un acto ritual, sino una forma de transmitir un legado familiar y mantener viva la herencia cultural.

Para ellos, la Semana Santa es mucho más que una serie de desfiles religiosos; es un momento de unión, reflexión y celebración. "Los nervios comienzan desde la semana antes, preparando los trajes en casa de los abuelos, los momentos previos al reencuentro con amigos, mirar al cielo para ver el tiempo" donde cada detalle, cada ritual, lleva consigo el peso de la historia familiar y la devoción hacia las tradiciones.

Ashley Viloria junto a su madre Carolina antes de salir a desfilar. Imagen cedida
Ashley Viloria junto a su madre Carolina antes de salir a desfilar. Imagen cedida

Al introducir a la pequeña en estas tradiciones desde una edad tan temprana, espera inculcarle el valor de mantener viva la herencia familiar. "Es una experiencia increíble en la que te das cuenta de que las generaciones pasan y quieres enseñarle lo mismo que nos enseñaron a nosotros nuestros abuelos y padres", donde se transmiten valores de respeto, tradición y unión.

Uno de esos momentos que permanecen en la retina de una madre es cuando la niña participó por primera vez en una procesión con apenas siete meses. "Era muy pequeñita y todo el mundo se fijaba en ella. Para mí, fue una satisfacción y una ilusión poder iniciar una tradición familiar con una nueva generación", ha relatado emocionada. Ver a su hija formar parte activa de estas celebraciones religiosas desde una edad tan temprana llena a Carolina de alegría y orgullo, fortaleciendo el vínculo entre la familia y su devoción compartida.

La Semana Santa es la culminación de una tradición arraigada en el corazón y el alma de cada miembro de la familia. A través de su participación en estas procesiones, la pequeña continúa la legendaria tradición familiar, manteniendo viva la llama de la devoción y la unidad entre las generaciones presentes y futuras. Un significado de "alegría, tradición, de poder seguir inculcándole lo que es la Semana Santa para los zamoranos".

La devoción desde la cuna y una herencia familiar que se trasmite de una generación a otra