martes 30/11/21

Argusino, 54 años sin poder llorar a sus difuntos

El pueblo sayagués no puede rezar a sus antepasados en este Día de Todos los Santos, siempre bajo el yugo del nivel del agua del embalse y de una capa de hormigón

Restos visibles del cementerio de Argusino en 2019
Restos visibles del cementerio de Argusino en 2019

Con el llanto contenido. Una expresión que si bien se podría extrapolar a toda la injusticia que se cebó con el pueblo de Argusino, es tal vez en este festivo de Todos los Santos cuando más sentido cobra. Las gentes del pueblo, víctimas de la construcción de la presa de Almendra, se quedaron sin posibilidad de regresar a sus hogares, de rezar una oración en su histórica iglesia de Santa María Egipcíaca (databa del siglo XV). Pero el llenado del embalse también les negó la posibilidad de llorar frente a las tumbas de sus seres queridos.

Fueron muchos los que allí quedaron sepultados. Sin tejados en las casas y con la erosión del agua y el paso del tiempo, sólo queda el recuerdo de quienes perecieron y cuyas almas dormitan sin remedio bajo las aguas del Tormes. Sólo dos cuerpos pudieron ser trasladados a Villamor de Cadozos, mientras el resto de sepulturas quedaron condenadas bajo una fina capa de hormigón que, hoy en día y cuando el nivel de agua permite pisar la zona, ya deja ver numerosas grietas.

“Ojalá hubiesen trasladado todo el cementerio”, reflexiona José Manuel Pardal que aún recuerda la lectura de los responsos frente a las sepulturas. Un día de tristeza que los jóvenes trataban de compensar con la realización de una gran luminaria en la plaza gracias a la leña que iban recogiendo a lo largo de la jornada y que los más mayores vigilaban viendo cómo se cumplía con la tradición.

Restos visibles del cementerio de Argusino en 2019

Nada queda en Argusino, aquél pueblo que llegó a albergar tres cementerios y que, a día de hoy, únicamente conserva los restos de uno de ellos. Tan sólo una pequeña parte de las paredes y la entrada anuncia la posición del camposanto. Nada queda a la vista este 1 de noviembre -tampoco los anteriores-, impidiendo a nativos y descendientes poder honrar a sus antepasados. Tampoco doblan las campanas durante toda la noche que transcurría entre el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos y que impedía a muchos conciliar el sueño, conscientes de su significado.

El agua no entiende de fechas en el calendario y los argusinejos sólo se dejan llevar por los avisos cuando la cota del embalse comienza a tocar fondo, signo de que las primeras cortinas quedan a la vista y donde puede emerger, definitivamente, el cementerio. La última vez fue en enero de 2019. 

Es entonces, sea febrero, marzo o cualquier mes del año, cuando los vecinos se acercan y vuelven a colocar pacientemente piedras en forma de cruz sobre los lugares que, antaño, ocupaban las tumbas de sus familiares. Con la impotencia de no saber a ciencia cierta cuándo podrán volver a regresar, depositan un sencillo ramo de flores que, en ocasiones, se termina llevando el agua cuando el embalse comienza a recuperar su capacidad habitual.Restos visibles del cementerio de Argusino en 2019

Una impotencia que se traduce también en las formas en las que se cubrieron las losas, oficialmente reconocido con una capa de 50 centímetros de hormigón pero que los vecinos no creen como tal a tenor de las grietas más que palpables y de considerable anchura en algunos puntos. “Incluso algún hueso se ha dejado ver, cosa que es muy desagradable”.

Hay y hubo otros muchos que, con todo su pesar, no quisieron girar la cabeza cuando pusieron rumbo a una nueva vida a remolque de todos los enseres que pudieran trasladar en sus carros. “Hubo gente que no volvió pisar por allí para no remover los sentimientos y las emociones que les embargaban”; recuerda José Manuel. Fue el caso de Arsenia, la madre de José Manuel Fernández y de otros tantos afectados por un dolor que a muchos les sigue quemando. “Es una cosa que no puedo digerir: cómo se pudo dejar el cementerio allí y de esa forma”.

Hoy es 1 de noviembre y los camposantos se llenan de flores, oraciones y lágrimas mientras Argusino pena en silencio, pero sabiendo que cuenta con el sentir de todos los suyos que a kilómetros -incluso con el Atlántico de por medio- siguen recordando el punto exacto al que deben regresar en cuanto las circunstancias lo permitan.

Foto de archivo cementerio de Argusino

Argusino, 54 años sin poder llorar a sus difuntos
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