Tras la tempestad de los fuegos, el análisis con datos y sentido común

En Zamora ¿están nuestros pueblos preparados para sobrevivir al próximo incendio?

2026, otra advertencia: no podemos seguir confiando la seguridad de los pueblos a que el viento cambie

Zamora no necesitaba otra demostración.

Después de 2017, de la Sierra de la Culebra y Losacio en 2022, y del terrible verano de 2025, 2026 tenía que ser el año de haber aprendido.

Mámoles reactivación fuego 37ifFermoselle
photo_camera Mámoles reactivación fuego 37ifFermoselle

Y, sin embargo, julio volvió a colocar primero a Rábano de Aliste y después a Fermoselle y buena parte de Sayago frente a la misma pregunta de siempre: qué ocurre cuando las llamas dejan de ser un incendio forestal y se convierten en una amenaza directa para nuestros pueblos.

Rábano fue el primer aviso serio.

El incendio declarado el 22 de julio alcanzó el IGR 2, obligó al confinamiento preventivo de la población y llegó a movilizar decenas de medios. Finalmente quedaron afectadas 167,9 hectáreas de superficie arbolada, según el balance publicado tras darse por controlado seis días después. La Guardia Civil investiga a un hombre como supuesto responsable después de que presuntamente realizara labores de cosecha con maquinaria agrícola en condiciones en las que la normativa no lo permitía.

Pudo haber sido mucho peor.

Y esto no es una frase hecha.

El propio presidente de la Diputación de Zamora explicó al día siguiente que el fuego había pasado por encima de Rábano y terminado entrando en un pinar, destacando tanto la intervención del operativo como la actuación de agricultores y vecinos con sus propios medios. Pero añadió un dato especialmente revelador: la Diputación había comenzado a limpiar con sus brigadas el perímetro del pueblo y confiaba en que el próximo verano esos perímetros estuvieran ya completamente terminados.

Es decir: el fuego llegó antes de que terminara la prevención.

Y apenas una semana después llegó Fermoselle.

Fermoselle: 11.000 hectáreas y 75 kilómetros para entender la dimensión del problema

Lo ocurrido en Sayago fue ya otra escala.

El incendio iniciado el 29 de julio alcanzó aproximadamente 11.000 hectáreas y un perímetro de unos 75 kilómetros en sus primeras grandes estimaciones, obligando a evacuar numerosas localidades y a confinar Fermoselle y Fariza.

Hubo momentos con alrededor de 950 personas desalojadas, residencias de mayores evacuadas, carreteras cortadas y pueblos enteros pendientes de un mensaje de Protección Civil para saber si podían quedarse en casa o tenían que salir.

Los medios de extinción hicieron un trabajo extraordinario.

UME, INFOCAL, BRIF, bomberos provinciales, Guardia Civil, Protección Civil, medios llegados de otras provincias, brigadas internacionales y vecinos estuvieron durante días plantándole cara a un incendio que encontró unas condiciones terribles de temperatura, viento, humedad y orografía.

Incluso bomberos desplazados desde Salamanca tuvieron que concentrar esfuerzos específicamente en proteger viviendas e infraestructuras para impedir que las llamas entraran en Fermoselle.

Pero precisamente por eso hay que hacer una reflexión incómoda.

Un operativo de cientos de profesionales puede salvar un pueblo.

Lo que no debería ocurrir es que la seguridad de ese pueblo dependa exclusivamente de que esos profesionales consigan llegar a tiempo.


No todo puede consistir en comprar más helicópteros

Llevamos años discutiendo cuántos helicópteros tiene la Junta, cuántas autobombas faltan, cuántos trabajadores forman INFOCAL o cuántos meses duran sus contratos.

Es necesario.

Pero es solo una parte del problema.

Un helicóptero puede descargar miles de litros de agua sobre un frente de llamas.

Lo que no puede hacer es desbrozar durante febrero la parcela abandonada situada junto a una casa.

No puede ensanchar en abril un camino por el que en agosto no entra una autobomba.

No puede crear un anillo de seguridad alrededor de un pueblo.

No puede decidir por qué carretera debe evacuarse una residencia.

No puede garantizar que exista presión suficiente en una red de agua.

No puede enseñar a 200 vecinos qué tienen que hacer si a las tres de la madrugada reciben una orden de evacuación.

Y tampoco puede impedir que llevemos décadas dejando que el monte llegue prácticamente hasta las ventanas de algunas viviendas.

Eso se hace antes.

Mucho antes.


Antes que otra obra vistosa, seguridad

Y aquí hay que decir algo que seguramente resulte incómodo.

Un pueblo necesita fiestas. Necesita pistas deportivas. Necesita piscinas, frontones, parques, centros sociales y actividades culturales.

Todo eso también es calidad de vida y ayuda a mantener población.

El problema aparece cuando somos capaces de encontrar decenas o cientos de miles de euros para aquello que inaugura una autoridad y sale bien en una fotografía, pero seguimos sin tener resueltas las infraestructuras básicas para afrontar una emergencia.

Antes de discutir si necesitamos otra pista de pádel deberíamos saber si el pueblo dispone de hidrantes o puntos de abastecimiento de agua operativos y señalizados para cargar rápidamente una autobomba.

Antes de ampliar un parque deberíamos comprobar si un camión pesado de bomberos puede recorrer todas las calles.

Antes de gastar decenas de miles de euros en una fiesta habría que saber si existe un plan local de actuación y evacuación conocido por la población.

Antes de colocar otro elemento ornamental deberíamos preguntarnos si una residencia de mayores tiene previsto cómo sacar en minutos a cincuenta personas con movilidad reducida.

Y antes de anunciar otro millón de euros después de un incendio, quizá deberíamos explicar cuánto invertimos durante el invierno para que ese incendio nunca llegue hasta las casas.

No se trata de enfrentar cultura contra seguridad ni deporte contra prevención.

Se trata de establecer prioridades.

Primero aquello que puede salvar vidas. Después, todo lo demás.


Los planes municipales ya no pueden ser papeles guardados en un cajón

Desde 2025 Castilla y León dispone de un nuevo Plan INFOCAL.

Y el propio plan establece algo muy importante: todos los ayuntamientos deben cumplimentar una Guía de Respuesta con información operativa básica, mientras que los municipios considerados de mayor riesgo en zonas de interfaz urbano-forestal tienen que elaborar un Plan de Actuación de Ámbito Local.

En la provincia de Zamora existen 68 municipios clasificados con riesgo máximo que deben contar con esa planificación.

La nueva Directriz Básica estatal aprobada precisamente en abril de 2026 va en el mismo sentido.

Los planes locales deben contemplar organización de la emergencia, coordinación con otras administraciones, zonas de riesgo, infraestructuras disponibles e información y formación de los vecinos.

La normativa de planificación lleva además años señalando que debe conocerse la ubicación de pistas, caminos, cortafuegos, puntos de abastecimiento de agua y zonas adecuadas para medios aéreos, además de prever la organización local ante el incendio.

Perfecto.

Ahora hagamos la siguiente pregunta:

¿Cuántos de esos planes existen realmente, están actualizados, han sido ensayados y son conocidos por los vecinos?

Porque redactar un documento no evacua un pueblo.

Un simulacro sí puede enseñar cómo hacerlo.


Simulacros: porque el primer ensayo no puede hacerse con el monte ardiendo

Zamora tiene pueblos muy envejecidos. Hay localidades en las que una parte importante de sus habitantes supera ampliamente los 70 años. Hay personas dependientes.

Gente que vive sola. Residencias. Turistas que desconocen las carreteras. Casas rurales.Pocos pero hay Campings.

Ganado que no puede evacuarse simplemente metiéndolo en un coche. Todo eso tiene que estar previsto.

Cada municipio de alto riesgo debería saber antes de junio:

quién dirige localmente la emergencia; qué personas vulnerables necesitan ayuda; qué vehículos hay disponibles; dónde se concentra la población; qué carretera se utiliza primero y cuál es la alternativa; dónde se traslada el ganado; dónde pueden cargar agua los camiones; qué caminos admiten maquinaria pesada; dónde están las llaves de depósitos e instalaciones; quién avisa a las pedanías y cómo se actúa si falla la cobertura móvil o la electricidad.

Eso es prevención. Y después hay que ensayarlo. Una vez al año.

Como mínimo.

Porque el primer simulacro de evacuación de un pueblo no puede hacerse mientras una columna de humo de diez kilómetros se acerca a las casas.


Agua: cada pueblo debería saber cuántos minutos puede abastecer a los bomberos

También debemos empezar a hablar de algo muchísimo menos espectacular que un helicóptero, pero posiblemente más útil durante determinadas emergencias:

el agua disponible dentro de los pueblos.

Hidrantes contra incendios, depósitos municipales, bocas adecuadas para llenar autobombas, piscinas cuando técnicamente puedan utilizarse, balsas, sondeos y puntos previamente cartografiados.

Y no basta con tenerlos.

Hay que comprobarlos.

La normativa técnica establece incluso caudales mínimos para determinados hidrantes contra incendios y contempla expresamente su utilización para el llenado de vehículos.

Por eso una auditoría provincial sencilla podría resultar extraordinariamente útil:

Municipio. Depósitos disponibles. Capacidad. Hidrantes. Caudal. Presión. Accesos. Puntos alternativos de carga.

Y todo ello georreferenciado para que cualquier dotación que llegue desde Zamora, Salamanca, León, Galicia o Portugal conozca dónde cargar agua sin tener que preguntar a un vecino dónde está la llave.

La Diputación ha ampliado precisamente este año las ayudas provinciales destinadas a redes de abastecimiento y bocas de riego, lo que demuestra que existe una necesidad real en el medio rural.


Desbrozar no es limpiar una vez y olvidarse

Después de los incendios de 2025, Diputación y Junta pusieron en marcha un programa para crear y mejorar anillos de seguridad alrededor de las poblaciones.

En febrero de este año la Diputación confirmaba la incorporación de fondos para esas actuaciones.

En mayo, además, Fermoselle anunció un plan para limpiar gratuitamente parcelas situadas en su cinturón de seguridad.

El problema es que el incendio llegó el 29 de julio.

Y ahora el propio alcalde de Fermoselle sostiene que en 2025 había solicitado a la Junta la creación de cortafuegos entre Fermoselle, Fornillos y Formariz sin obtener respuesta, al tiempo que reconoce también la responsabilidad municipal y de propietarios que no mantienen suficientemente limpias determinadas parcelas.

Ese último reconocimiento es importante.

Porque tampoco podemos convertir cada incendio en una competición para descubrir de qué administración es la culpa.

La prevención es una cadena.

Junta, Diputación, ayuntamientos, propietarios y ciudadanos tienen responsabilidades diferentes.

Cuando falla un eslabón, aumenta el riesgo.

Cuando fallan varios, llega el desastre.


Y mientras discutimos competencias, el fuego no pregunta quién es el titular de la parcela

Esta es otra de las enfermedades de la administración española.

El monte es de uno.

El camino, de otro.

La carretera, de otra administración.

La parcela abandonada tiene veinte herederos.

La cuneta pertenece a otra institución.

El agua depende del Ayuntamiento.

La extinción corresponde fundamentalmente a la Comunidad Autónoma.

Y Protección Civil coordina otra parte.

El incendio, mientras tanto, no entiende de competencias administrativas.

Cruza la cuneta.

Salta la carretera.

Entra en la finca privada.

Sube por el monte público.

Y llega al pueblo.

Por eso quizá haya llegado el momento de que la prevención forestal deje de organizarse pensando exclusivamente en quién tiene la competencia y empiece a organizarse pensando por dónde va a entrar el fuego.


Un plan provincial pueblo por pueblo

Después de lo ocurrido, Zamora podría convertir toda esta desgracia acumulada en una oportunidad para hacer algo diferente.

No otra campaña publicitaria.

No otro folleto.

No otra fotografía institucional.

Un auténtico Plan Provincial de Pueblos Seguros frente al Fuego.

Un documento público y actualizado en el que cualquier vecino pueda consultar la situación de su localidad.

Para cada núcleo deberían constar, al menos:

  1. Riesgo de incendio e interfaz urbano-forestal.
  2. Anillo perimetral de seguridad y fecha de su último mantenimiento.
  3. Estado de caminos de emergencia.
  4. Hidrantes, depósitos y puntos de abastecimiento.
  5. Plan y rutas de evacuación.
  6. Localización de población vulnerable y residencias.
  7. Punto de reunión.
  8. Zona segura para personas y ganado.
  9. Sistemas alternativos de comunicación.
  10. Fecha del último simulacro realizado.

Y entonces sí podríamos comprobar quién está haciendo los deberes.

Sin colores políticos.

Sin discursos.

Con una tabla.

Hecho. Pendiente. Fecha prevista.

Eso también es transparencia.


Que 2026 sirva al menos para esto

La Diputación anunció el pasado 22 de julio un Plan de Inversiones para prevención de incendios de 2,1 millones de euros, cofinanciado con la Junta y destinado, entre otras actuaciones, a maquinaria forestal y nuevos vehículos.

Ese mismo día comenzó el incendio de Rábano de Aliste.

Siete días después ardía Fermoselle.

La coincidencia resume perfectamente dónde estamos.

Se están dando pasos.

Se están comprando medios.

Se están ampliando brigadas.

Se están creando cinturones.

Y existe una planificación nueva mucho más ambiciosa.

Pero el fuego está avanzando más deprisa que algunas de las medidas que hemos decidido tomar para combatirlo.

Eso es lo que debe cambiar.

Porque el balance de Fermoselle no puede limitarse a celebrar que finalmente nadie murió.

Ni Rábano puede resumirse diciendo que pudieron ser 300 hectáreas y finalmente fueron menos.

Tuvimos profesionales magníficos.

Tuvimos agricultores que sacaron sus tractores.

Tuvimos vecinos que ayudaron.

Tuvimos medios aéreos.

Tuvimos bomberos.

Y también tuvimos momentos en los que la meteorología concedió una oportunidad.

La próxima vez quizá no la conceda.


La prevención también se inaugura, aunque no lleve cinta

Quizá debamos cambiar incluso nuestra manera de entender la política municipal.

Una pista de pádel se ve. Una verbena se escucha. Un parque se fotografía. Una rotonda se inaugura.

Un depósito de agua, un hidrante, un cortafuegos limpio, un camino ensanchado o un simulacro de evacuación no dan demasiados votos en una fotografía.

Pero pueden salvar un pueblo.

Y después de todo lo vivido en Zamora durante diez años, seguramente haya llegado el momento de dejar de considerar la prevención como ese dinero que se gasta en algo que esperamos no utilizar nunca.

Es exactamente lo contrario.

Es la inversión que permite que, cuando todo lo demás falle, sigamos teniendo pueblo al que volver.

Rábano fue un aviso. Fermoselle ha sido otro enorme golpe encima de la mesa. Y después de Sierra de la Culebra, Losacio, Molezuelas, Porto y todo lo que hemos sufrido, ya no podemos volver a decir que no sabíamos lo que podía ocurrir.

Ahora lo sabemos.

La cuestión es qué vamos a hacer antes del próximo incendio.

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