En el caso de la remolacha, la producción local podría desaparecer. Las empresas azucareras podrían optar por importar azúcar y refinarla, en lugar de mantener el cultivo regional, dejando a la cooperativa COR como único garante del sector. Este cambio supondría un duro golpe para los agricultores, que perderían un cultivo históricamente relevante.
Por su parte, la ganadería extensiva de vacuno de carne enfrenta un desafío similar. La llegada de carne importada de países como Argentina, producida con costes menores y sin las mismas exigencias ambientales y sanitarias, generaría un mercado dual: carne de alta calidad a precio elevado para unos y carne más barata para otros.
Según González, los beneficios del acuerdo recaerán principalmente en las multinacionales, dejando a los pequeños agricultores y ganaderos locales en una situación vulnerable. Por ello, insisten en la necesidad de una vigilancia activa sobre los efectos del acuerdo en la región.
En definitiva, a pesar de las oportunidades de exportación que algunos sectores puedan encontrar, para Castilla y León el Acuerdo de Mercosur representa un riesgo real para dos de sus pilares agroalimentarios.