sábado. 13.08.2022

Los pueblos afectados por el incendio de la Sierra de la Culebra toman Zamora: "La tierra ardió y nadie lo impidió"

Los manifestantes volvieron a exigir la dimisión de Mañueco al grito de "Asesinos, asesinos"

Minuto de silencio por la muerte de los dos fallecidos en el fuego de Losacio

Pancarta en homenaje de Daniel Gullón
Pancarta en homenaje de Daniel Gullón
Concentración Zamora (3)
Concentración por la Sierra de la Culebra en Zamora

Zamora se ha llenado hasta la bandera para protestar ante la oleada de incendios que lleva asolando la provincia desde que arrancó la época estival. A todo ello se suma el fallecimiento de un brigadista y un ganadero en el último fuego en Losacio. Un descontento que ha obligado a los vecinos a volver a salir a la calle.

Los vecinos de los pueblos afectados volvieron a exigir la dimisión del presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco, y del consejero de Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez Quiñones, al grito de "Asesinos, asesinos". Ni olvido ni perdón. Ha sido una concentración multitudinaria que ha desfilado por el centro de la capital para mostrar su descontento con la gestión y con las consecuencias de este fuego.

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¿Dónde está el Muñeco? "Asesinos, asesinos", "Más bomberos y menos consejeros" "Zamora arde, la Junta responsable" fueron algunas de las consignas que se gritaron durante la concentración, que comenzó en la Plaza de la Constitución para acabar en la Plaza de la Marina, donde se leyó el Manifiesto, solo interrumpido por el minuto de silencio como homenaje a los dos fallecidos en el incendio de Losacio. Para uno de ellos, el brigadista Daniel Gullón, iba dedicada una pancarta en la que podía leerse: "Daniel, tu valentía y trabajo hicieron que perdieras la vida en el incendio. Protege a los de pie que los de los sillones ya están protegidos".

Desde la plaza de la Constitución hasta La Marina los manifestantes, ataviados con pancartas, han lamentado la gestión de la administración. La canción "Llora el lobo", compuesta por un joven de Riofrío de Aliste residente en Estados Unidos, con música y voz de Luis Miguel Balandrón, sonaba acompasando los gritos de los manifestante que no se cansaban de exigir la dimisión de Mañueco y de gritar que "La tierra ardió y nadie lo impidió".

También se procedió a leer el siguiente Manifiesto:

Con 32.000 hectáreas afectadas y casi 6.000 desplazados, el IF de Losacio conforma, junto con el IF de la sierra de La Culebra, una extensión continua de casi 60.000 hectáreas calcinadas, convirtiéndose, de lejos, en la peor catástrofe socio-ambiental de nuestro país detrás del hundimiento del Prestige. A ello hay que sumar las superficies quemadas de los incendios acontecidos en esta provincia durante 2022 (Hermisende, Ayoó de Vidriales, Figueruela, Roelos de Sayago, Villaseco, Vegalatrave, etc.), que convierten a esta provincia en un erial con más de 70.000 hectáreas abrasadas. Hemos pasado de formar parte de la “España vaciada” a formar parte de la “España calcinada”, porque miles de esperanzas, proyectos, recuerdos y formas de vida han quedado enterrados bajo las cenizas.

Nos lo advirtieron. Desde hace décadas los científicos nos advierten de que los ecosistemas de tipo mediterráneo se encuentran entre los más vulnerables al cambio climático, debido al incremento de la temperatura, al cambio en las precipitaciones, al aumento de las sequías y al mayor riesgo de incendios. Sin embargo, el hartazgo ante la tibieza de las administraciones de los diferentes gobiernos frente a los riesgos de la crisis socio-ecológica, sólo termina de manifestarse en algunos sectores de la sociedad cuando los riesgos se hacen patentes: debemos ser autocríticos. Por ello, porque nos lo dijeron y nos lo siguen diciendo, debemos escuchar a los científicos y exigirnos y exigir un cambio radical en las políticas que gestionan nuestros montes, nuestros espacios naturales protegidos, nuestra biodiversidad, nuestros ríos, nuestro patrimonio natural y cultural, etc. De lo contrario, muchas de nuestras comarcas estarán expuestas a un mayor riesgo de aridez y desertificación, serán más vulnerables ante la inacción climática.

No obstante, la principal responsabilidad hay que buscarla en la incapacidad de la Administración autonómica para anticiparse a una situación con condiciones meteorológicas extremas y con un riesgo muy alto de incendios. Su insolvencia se ha visto traducida en una planificación en la que los contextos climático y meteorológico están ausentes. Un déficit defendido por muchos de los aquí presentes y por los técnicos y agentes medioambientales competentes, que siempre han abogado, además, por una campaña sin discontinuidades y con mejores condiciones laborales.

El Consejero de Medio Ambiente se equivocó al declarar la inutilidad de un operativo de prevención y extinción de incendios continuado en el tiempo. El señor Suárez Quiñones se equivocó al mantener desactivado el operativo completo de extinción de incendios forestales ante el IF sierra de la Culebra, y se vuelve a equivocar al no atender a las demandas de dignificación de los empleos de los trabajadores forestales.

La era de los incendios que ya no podemos apagar con agua ya ha llegado. Con los denominados “incendios de sexta generación” sabemos que los incendios no se gestionan con agua, sino con gestión forestal y planificación territorial. No podemos seguir combatiendo el fuego con las mismas armas, es absolutamente temerario medir el éxito de la extinción de un incendio en función de la suerte meteorológica, es imprudente fijar los operativos a partir de calendarios que se diseñan al margen de las advertencias científicas y en ausencia de un análisis de riesgos y vulnerabilidades climáticas. Es inoperativo mantener a un importante contingente de trabajadores forestales en situación de precariedad laboral, y es urgente que la campaña de incendios se base en la prevención y no en la extinción.

En este escenario se han visto expuestos los vecinos, los trabajadores de la Junta, los bomberos, los cuerpos y fuerzas de protección civil, y otros colectivos de profesionales y voluntarios, a un riesgo extremo, asumido para enfrentarse a un fuego de dimensiones desconocidas.

Por Daniel y Victoriano, y por los heridos que todavía luchan por recuperarse hoy, queremos expresar con orgullo nuestro homenaje hacia ellos con 1 minuto de silencio.

Ellos, formarán parte del capítulo más estremecedor que recordaremos, pero no podemos dejar sin poner en valor las constantes muestras de valentía, solidaridad y esperanza que se están dando y que están trascendiendo a múltiples dimensiones en las que la gratitud sustituye al pánico. Lo hemos perdido casi todo, y aunque la urgencia ha sido atendida hasta la extenuación por los profesionales de los distintos servicios de emergencia, empieza a correr el reloj para apuntalar la emergencia que requerimos ante la perentoria necesidad de medios que contribuyan en la recuperación de lo que ha quedado de nuestro su día a día, de los que aquí vivimos.

La debacle social y económica que va a suponer este incendio para nuestros pueblos de la Sierra de la Culebra, de la Tierra de Alba, de Tábara y de los Valles, es insondable: muchísimos millones de euros perdidos en forma de ganado, cultivos, pastos, madera, castañas, setas, turismo, colmenas, caza, patrimonio cultural.… Incontables daños económicos que no van a poder ser resarcidos. A todo esto, hay que sumar el gravísimo daño al patrimonio ecológico, etnológico, histórico y arqueológico que se ha producido en un ecosistema único como la sierra de La Culebra: Todos conocemos los valores y los servicios ecosistémicos y de interés cultural que nos proporcionaba este espacio: paisaje, biodiversidad, aire y agua limpias, valores turísticos, cinegéticos, recursos agrarios, arquitectura popular, yacimientos arqueológicos, etc. Es fundamental una adecuada planificación y gestión del Plan de Recuperación Ambiental y Socioeconómico para las zonas afectadas. Esta gestión debe incluir sinergias que permitan aprovechar recursos, evitar incendios y mejorar la biodiversidad, para lo que es necesario dar protagonismo a la población rural en la toma de decisiones (que somos los verdaderos custodios y guardianes del territorio, también en los espacios naturales protegidos) y plantear el pago por servicios ambientales.

La sociedad civil zamorana, reunida en esta concentración alza aquí su voz para mostrar su total desacuerdo ante el papel jugado por el gobierno de la Junta de Castilla y León en estos incendios, pero también para exigir que se afronte cuanto antes el mayúsculo reto de su recuperación. Así, desde aquí, exigimos:

Responsabilidades políticas, empezando por los principales responsables tanto de la Junta, el señor Mañueco, como de la Consejería de Medio Ambiente, el señor Suárez Quiñones, por su negligencia en la gestión del incendio de la sierra de la Culebra.

Exigimos más medios, más personal y mejores condiciones laborales para los trabajadores forestales; el operativo preventivo y de extinción debe ser 100% público, funcionar todo el año y estar acorde con las nuevas condiciones climáticas.

Solicitamos el desarrollo del Estatuto Básico del Bombero Forestal, que mejore las condiciones de trabajo de este colectivo. Asimismo, es esencial incrementar el empleo público dedicado a la conservación y el cuidado de la naturaleza y los espacios protegidos.

Pedimos la declaración de Zona Catastrófica para el conjunto de los municipios afectados.

Por último, exigimos que para el seguimiento y control del Plan de Recuperación Ambiental y Socioeconómico se tenga en cuenta la creación de un comité formado por expertos, trabajadores forestales y colectivos afectados. Además, son necesarias propuestas tanto para la recuperación temprana de las actividades básicas de la zona, como para la restauración del ecosistema natural y humano que englobe: sus suelos, su biodiversidad (con la utilización de especies autóctonas y la prohibición de actividades cinegéticas en terrenos colindantes) o sus bienes etnológicos, históricos y arqueológicos. Estas propuestas deben ser capaces de generar empleo verde, estable y digno, pero no podemos permitir que se aproveche el drama del fuego para transformar el territorio y alimentar una nueva burbuja especulativa de las empresas energéticas.

El verano no ha acabado, y la sequía tampoco. Todavía quedan montes y bosques en Zamora, pero debemos detener cuanto antes esta especie de maldición que nos persigue como uno de los territorios más calcinados de España.  Podemos emprender acciones ya, desde el ámbito local, para prevenirnos del fuego y de los pirómanos, para defender en la medida de lo posible los montes y bosques de Arribes, de la Carballeda, de Sayago, de Sanabria, de Aliste, y los de otras comarcas y provincias de Castilla y León, etc., para promover la cultura del cuidado de las personas y el medio ambiente.

Los aquí presentes estamos unidos hoy frente a una nueva desgracia. Sin embargo, esta unión colectiva debería interpretarse como un escenario de trabajo conjunto para conseguir un futuro mejor para la Sierra de la Culebra y para nuestra provincia. Es un reto mayúsculo, pero con el apoyo de todos vosotros, de la sociedad zamorana, recuperaremos el presente y el futuro de Zamora. ¡Adelante!

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