viernes 30/7/21

Los hijos del panadero de Nuez de Aliste claman justicia ante la inacción de una Sanidad Pública para ellos nefasta

No sé ni como empezar esta carta, es muy triste y doloroso perder a un ser querido. Ya de por sí es doloroso, pero en las circunstancias que estamos, aún más. El día 16 de abril, mis hermanos y yo perdimos a mi padre, Jesús Parra Rivas, el panadero de Nuez de Aliste, como muchos de la zona lo conocían.
nuez de Aliste
nuez de Aliste

 Toda su vida fue un luchador porque, desde que nació con 7 meses el 20 de enero de 1944, ha vivido luchando para salir adelante. Por lo que sé no fue fácil, ya que tampoco conoció a su padre. Nosotros hemos tenido la suerte que él no tuvo, y él la de conocer a sus 5 nietos y hasta a un bisnieto. Sin embargo, sentimos que se ha ido demasiado rápido y, lo que es peor, solo, sin poder despedirnos de él. Desde que comenzó la pandemia, por mi cabeza siempre ha rondado la misma preocupación, que él no se moriría de Covid-19, sino de un infarto, de ictus o de otras tantas enfermedades que han sido dejadas de lado por culpa del coronavirus; y es que parece que no existe otro peligro hoy en día a parte de éste.

Pues mira por dónde, al final le ha tocado a él. Desde hace tiempo yo no lo veía bien y me he saltado el cierre perimetral porque estoy a 500 kilómetros. Sé que en el pueblo, en estas circunstancias que estamos, a mucha gente le molestaba que los de fuera bajáramos al pueblo, pero quiero que sepan que una de las excepciones para viajar es el cuidado de personas mayores o dependientes, que es como están mis hermanos por su enfermedad, así que no me arrepiento de haberlo hecho. De todas formas, parece que no me ha servido de nada. Mi padre se ha ido porque la atención médica no ha sido la adecuada, y esa es la razón de que yo esté escribiendo esta carta.

Quiero que se sepa y denunciar el trato que le han dado los medios de la zona, ya que el día 6 de abril fuimos por última vez a la consulta del pueblo con su cita. A eso de 11:00 de la mañana, después de haberle tomado la tensión y puesto el oxímetro en el dedo, la médica dijo que lo tenía todo bien, pero que unos días atrás había estado él solo y la tensión la tenía muy baja y la saturación no muy bien. Y yo le pregunto, “¿y los dolores de cabeza y los mareos que tiene puede ser del ojo que no ve?”, porque tenía un ojo ciego que perdió cuando era un niño. Su respuesta fue que podía ser de muchas cosas pero que era mejor esperar a la consulta del neurólogo que tenía el día 12 de abril. Esta es otra, una consulta que ha llegado demasiado tarde, tras cuatro meses de espera. Mi hermana bajó a recogerlo al pueblo el domingo 11, para que no tuviera que madrugar tanto al día siguiente.

Él ya se encontraba mal, pero esperaron a la consulta del día 12 porque no era plan de perderla después de cuatro meses esperando. Su sorpresa llega cuando sale de la consulta y lo lleva a urgencias, donde da positivo en Covid-19. A partir de ahí, seguimos el protocolo y a todos nos hacen la PCR, dando todos negativo menos mi hermana Sonia, que da positivo. Ella es también paciente de alto riesgo y además, sin haber sido vacunada todavía. En lugar de ingresarla directamente y hacerle un reconocimiento médico (teniendo en cuenta además que hace dos meses estuvo con oxígeno por problemas para respirar), simplemente le dicen que se quede en casa guardando cuarentena y que avise si sus síntomas empeoran. Tal como nos temíamos, el día 16 empeoró y tuvieron que ingresarla también. Finalmente ha pasado un mes ingresada, aunque por suerte ha podido salir adelante y ya está en casa.

El poco tiempo que nuestro padre permaneció ingresado, le hicieron más pruebas y descubrieron, entre otras cosas, que había tenido algún trombo, causa probable de sus dolores de cabeza y mareos. La gente del pueblo me decía que no lo veía bien, y sin embargo su propia médica no supo ver nada. La cosa no acaba aquí, y es que el día 22 le repitieron la PCR a mi hermano (también paciente de alto riesgo), y esta vez dio positivo. Él tenía una enfermedad neurodegenerativa llamada distrofia miotónica de Steinert, y una discapacidad del 75% con dependencia de una tercera persona.

Desde el centro de salud recibió las mismas instrucciones que mi hermana, quedarse en casa. O sea, una persona en estas condiciones, y le decían que se quedara en casa, dependiendo de los cuidados de otra persona que aunque, había dado negativo en el test, seguía corriendo el riesgo de contagiarse. Esta vez nosotros no estábamos dispuestos a que las cosas volvieran a hacerse mal y tarde, así que mi otra hermana llamó al 112 y solicitó que lo trasladaran en ambulancia al hospital el día 23 de Abril. Lamentablemente, nuestro hermano no ha podido superar la enfermedad, y falleció el día 3 de Mayo. Hemos enterrado a nuestro padre y nuestro hermano con menos de 3 semanas de diferencia, y nuestra hermana ni siquiera ha podido asistir a los funerales y despedirse de ellos, al encontrarse aún ingresada.

Tras esta tragedia hay muchas dudas que aún nos rondan por la cabeza y nos hacen preguntarnos si las cosas podrían haber sido diferentes si se hubiera actuado de otra manera. Con esta carta queremos que todo esto se sepa, y así denunciar el trato que les han dado tanto su médica como su centro de salud. No puedo dejar de pensar que si hubieran mandado a mi padre a Zamora el 6 de Abril, tras el reconocimiento médico, probablemente no hubiera muerto de Covid-19, aunque eso ya nunca podremos saberlo. Por nuestro padre y nuestro hermano ya no se puede hacer nada, pero al menos esperamos que sirva para que se tomen medidas y nadie más tenga que irse de esta manera tan triste. 

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