Eso es exactamente lo que denuncian los vecinos de Carracedo de Vidriales, pedanía dependiente del Ayuntamiento de Ayoo de Vidriales, que desde el pasado 2 de febrero permanece sin suministro digno, sin presión, sin garantías sanitarias y sin respuestas por parte de su alcalde.
No hablamos de una incidencia puntual. Hablamos de un problema reiterado. Hablamos de antecedentes recientes. Y hablamos de una gestión que, según los afectados, ni comunica ni actúa.
El agua no es un lujo municipal
En pleno 2026, los vecinos aseguran verse obligados a calentar agua traída de un pozo de otra localidad para asearse, mientras el abastecimiento para beber se reduce a dos garrafas entregadas hace días, como si el consumo humano pudiera resolverse con un gesto simbólico.
Esto no es una anécdota rural.
Esto es un fallo institucional grave.
Porque garantizar el acceso al agua potable no es una concesión política ni un servicio opcional.
Es una responsabilidad básica de cualquier administración local.
Reincidencia y ausencia de autocrítica
El episodio recuerda al vivido durante el puente de diciembre, cuando la apertura errónea de una válvula dejó a la pedanía con agua turbia y problemas de presión durante días.
Lejos de corregir vulnerabilidades, el problema reaparece.
Y lo hace acompañado del mismo patrón:
-
Falta de comunicación
-
Falta de explicaciones
-
Falta de liderazgo
Negar la realidad no la resuelve. Silenciar a los vecinos tampoco.
El discurso rural frente a la realidad rural
Se habla de fijar población.
Se habla de luchar contra la despoblación.
Se habla de defender el medio rural.
Pero cuando un pueblo pasa días sin agua, ese discurso se vacía de contenido.
La despoblación no siempre llega por falta de oportunidades laborales.
A veces llega por algo mucho más simple:
la sensación de abandono.
Y pocas cosas generan más abandono que comprobar que ni siquiera los servicios esenciales están garantizados.
No es gestión, es responsabilidad
Este editorial no busca señalar por deporte ni alimentar ruido político.
Busca recordar una evidencia: Gobernar implica responder. Explicar. Dar la cara. Solucionar.
Cuando eso no ocurre, la crítica no solo es legítima — es necesaria.
Carracedo no necesita discursos. Necesita agua. Necesita soluciones. Necesita interlocución.
Y sobre todo necesita que su administración municipal recuerde que las pedanías también son municipio.