¿Supermercado o restaurante? Mercadona abre un debate que pone contra las cuerdas a la hostelería

Durante décadas la frontera estaba perfectamente definida. Uno iba al supermercado a comprar y al restaurante a comer. Hoy esa línea prácticamente ha desaparecido.
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Las grandes cadenas de distribución, con Mercadona como principal referente y otras superficies siguiendo exactamente el mismo camino, han decidido que vender comida ya no es suficiente. Ahora también quieren que el cliente la consuma allí mismo.

Mesas, sillas, microondas, cubiertos, bebidas frías, cafeteras y espacios perfectamente acondicionados para sentarse a comer convierten lo que oficialmente sigue siendo un supermercado en algo muy parecido a un restaurante de autoservicio.

En Zamora ya existen varios ejemplos. Quien entra por la puerta puede hacer la compra semanal o prepararse un almuerzo en apenas diez minutos. Se compra un plato preparado, se calienta en el microondas y se ocupa una mesa mientras decenas de personas hacen exactamente lo mismo.

La pregunta resulta inevitable. Si se vende comida para consumir inmediatamente y se habilita un espacio para hacerlo, ¿dónde termina el supermercado y dónde empieza la hostelería?

Mercadona fue quien abrió el camino con un modelo que, comercialmente, ha resultado brillante. Nadie puede discutir su visión empresarial. Detectó que miles de trabajadores apenas disponen de media hora para comer y les ofreció una solución rápida y económica. El problema aparece cuando ese modelo empieza a competir de lleno con bares, cafeterías y restaurantes que llevan décadas sosteniendo empleo, pagando licencias específicas, soportando unos costes laborales muy superiores y ofreciendo un servicio mucho más amplio.

No es únicamente una cuestión de precios. Es una cuestión de modelo.

Mientras un bar abre su cocina desde primera hora, mantiene personal de sala, camareros, cocineros, limpieza permanente y atención al cliente, el supermercado vende un producto elaborado que el propio consumidor transporta, calienta y consume sin apenas intervención de empleados.

El ahorro de costes es evidente. También lo es la capacidad para ofrecer precios difíciles de igualar por cualquier pequeño empresario de la hostelería.

Y es precisamente ahí donde nace el debate.

Porque mientras los bares luchan cada día contra el incremento del salario mínimo, la subida de la energía, los alquileres, los impuestos y la escasez de personal, las grandes cadenas continúan ampliando un negocio que hace apenas unos años nadie habría imaginado dentro de un supermercado.

No se trata de demonizar a Mercadona. La empresa hace aquello que cualquier gran compañía busca hacer: crecer, innovar y aumentar ventas. El verdadero interrogante quizá debería dirigirse a quienes regulan el mercado.

¿Tiene sentido que un establecimiento pensado para vender alimentación termine funcionando, en la práctica, como un espacio donde cientos de personas desayunan, comen o meriendan cada semana? ¿Es suficiente con denominar estos espacios "áreas de descanso" para que dejen de parecer pequeñas cafeterías?

En Zamora el fenómeno ya es visible. Mercadona fue el pionero. Froiz también ha apostado por zonas similares y es previsible que otras cadenas acaben siguiendo el mismo camino. Si el modelo funciona, nadie quiere quedarse atrás.

Mientras tanto, muchos hosteleros observan con preocupación cómo parte de su clientela encuentra una alternativa rápida, cómoda y mucho más económica entre los pasillos de un supermercado.

Quizá el consumidor salga beneficiado a corto plazo. Tiene más opciones y, en muchos casos, gasta menos dinero.

Pero también conviene preguntarse qué ocurrirá dentro de unos años si los bares de toda la vida siguen perdiendo clientes frente a gigantes de la distribución con una capacidad económica imposible de igualar.

La hostelería no vende únicamente comida. Genera empleo, dinamiza calles, llena plazas, mantiene abiertos los barrios y convierte las ciudades en lugares donde merece la pena quedarse.

Un supermercado vende productos.

La diferencia parecía evidente.

Hoy ya no lo es tanto.

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