jueves 9/12/21

Eduardo Velasco: “Para conocer la historia hay que empezar desde abajo”

El libro del historiador, “Gente corriente. Los alfareros de Olivares. Siglo XVIII-XIX”, se ha presentado en la tarde de este lunes en el Museo Etnográfico de Castilla y León

Velasco reivindica a los alfareros de la zona con nombres y apellidos en una apuesta por sacarles del anonimato

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El historiador Eduardo Velasco reivindica en su nuevo libro -un estudio que le ha llevado 12 años sumergido entre documentos y archivos- la figura de los alfareros de Olivares como unos profesionales de este arte a los que es necesario sacar del anonimato en una apuesta "por estudiar la historia desde abajo". Una intencionalidad que se intuye ya en el título del libro, “Gente corriente. Los alfareros de Olivares. Siglo XVIII-XIX”, que se ha presentado en la tarde de este lunes en el Museo Etnográfico de Castilla y León.

El libro saca a la luz datos, nombre y apellidos hasta ahora desconocidos sobre estos profesionales basándose en el estudio de cientos de miles de documentos, al tiempo que analiza la fisionomía del barrio de Olivares, el estudio de la población y demografía y la importancia e influencia de los alfareros y ceramistas de la zona en ese periodo de tiempo. En definitiva, la puesta en valor de la "herencia material e inmaterial del hacer y saber artesano". 

P. La cerámica existe desde tiempos inmemoriales, ¿qué tiempo abarca el estudio?

R. La cronología del libro abarca el siglo XVIII y XIX, fundamentalmente desde el Marqués de la Ensenada en 1750 y se extiende hasta 1905. En Olivares, como en otros sitios, hay alfarería desde la prehistoria, pero lo que se conoce como “cerámica de Olivares” se ubica cronológicamente en el siglo XVIII.

P. ¿Qué papel jugaron los alfareros de Olivares en esa época?

R. La primera mitad del siglo XVIII no hay alfareros en esta zona del arrabal zamorano, la primera documentación encontrada y de la que se parte es de la del catastro del Marqués de la Ensenada. En ese momento hay en Zamora seis alfareros, tres en la ciudad y otros tres en olivares que llegan entre 1730 y 1748 procedentes de la localidad leonesa de Jiménez de Jamuz y a partir de su asentamiento es cuando empieza a cobrar fuerza la cerámica de Olivares. En un primer momento es una cerámica típica, pero será a partir de 1780 cuando llega otro alfarero –también procedente de la zona de León-, Santos Álvarez, que tras una innovación y que es esta cerámica vidriada que perdurará hasta su desaparición la primera mitad del siglo XX.

P. ¿Qué tiene de característico la cerámica vidriada?

R. Utilizan la implantación del plomo -lo que ellos laman arcor-. Para introducir este elemento innovador, Santos Álvarez llegó a solicitar un crédito al Ayuntamiento de Zamora por valor de 3.000 reales bajo la justificación de que pretende hacer una cerámica similar a la que por entonces ya se venía elaborando en Talavera de la Reina (Toledo) o en Alcora (Castellón) que eran por aquel entonces las cerámicas punteras en España. Para llevar a cabo ese proceso, Álvarez trajo a Olivares a dos oficiales de la zona de Zaragoza que tenía experiencia en ese tipo de cerámica y que fueron los que lograron que se asentara hasta su declive final.

P. ¿Llegó a despuntar a nivel regional o nacional?

R. No era una cerámica que pudiera competir con la de Talavera o la de Alcora porque era modesta y logró perdurar en la ciudad de Zamora durante 150 años por una estrategia familiar de los alfareros: existen una endogamia por la que se casaban unas familias de alfareros con otros, dando lugar a lo que se conoce como la “herencia inmaterial de los conocimientos de unas familias a otras”. Pero en ningún caso es una cerámica que tenga un comercio fuera de la provincia o por lo menos a gran escala, según la documentación rastreada.

Los alfareros de Olivares

P. ¿Alfareros, cerámica o todo en uno?

R. Cuando alguien me pregunta sobre la cerámica de Olivares yo siempre contesto lo mismo: “Yo no estudio la cerámica de Olivares, sino a los ceramistas o alfareros de Olivares”. Se trata de una historia desde abajo porque estamos acostumbrados a divulgar el conocimiento de las grandes figuras, pero las corrientes historiográficas de la historia social actual van por estudiar a la mayoría del pueblo. Y precisamente de esas figuras hay muy poca documentación. Hay que mover miles y miles de folios para encontrar una pequeña reseña, pero al final la Historia la hace la mayoría del pueblo que siempre ha sido anónima. Por eso mi intención ha sido sacar el anonimato a los alfareros de Olivares, una labor que ha supuesto 12 años de investigación.

A parte, se enmarca dentro de lo que se conoce en la historiografía ingresa de Thompson como "economía moral" que es el pueblo que trabaja para tener una riqueza no acumulativa sino para el mantenimiento de la familia, y que lo que busca es un perfeccionamiento del trabajo. También lo que ahora llamamos el "retorno gremial": a principios del siglo XIX la Ilustración pretendió achacar todos los malos y los atrasos a los gremios, una corriente que actualmente está desfasada y que se ha demostrado que los gremios era una forma de economía sin competencia entre ellos, pero que sí buscaba que no hubiera intrusismo ni especulación de su producto. 

P. ¿Cuáles son los archivos por los que ha buceado y en los que se basa este estudio?

R. Básicamente los libros sacramentales de la parroquia de San Claudio, una documentación que he revisado desde 1650 hasta 1895 cuando el templo pierde su condición de parroquia y los registros pasan a ser asentados en los libros sacramentales de la parroquia de San Pedro y San Ildefonso. Nombres y apellidos están minuciosamente repasados. Además, he rastreado más de 1.000 protocolos notariales desde 1680 hasta casi 1900, que en cifras son cientos de miles de páginas. A todo ello habría que sumar los recuentos de población, con el ya mencionado catastro de la Ensenada, censos y padrones y las matrículas parroquiales. 

Presentación del libro

P. ¿Por qué la desaparición de la tradición alfarera en esa zona?

R. Por una mera cuestión de inanición y por la competencia que ejerció en su momento el trabajo industria frente al que los artesanos alfareros poco podían hacer, y comienzan a desaparecer en el primer tercio del siglo XX. El trabajo artesanal no puede competir a nivel de producción de ventas con el industrial. Es más, hay datos muy curiosos que hablan que en el siglo XVIII los alfareros eran hombres mientras que a principios del siglo XX te encuentras que los alfareros de Olivares, Pereruela o Moveros lo protagonizan las mujeres, porque este trabajo deja de ser la principal actividad monetaria de la familia, cediendo el primer plano a actividades como la agricultura o la ganadería en los pueblos, mientras que la alfarería pasa a ser un mero complemento.

P. ¿Por qué esta alfarería fue la destinada a desaparecer y no otra?

R. Fundamentalmente por los canales de comercialización. La venta de la cerámica de Olivares se hacía en los alfares –la propia casa-, incluso en las pequeñas plazas que existían, pero no había un canal de comercialización allende de las fronteras zamoranas: cuando produces muy poco no puedes competir, es algo natural.

P. ¿La Educación debería reservar una parte al estudio de la historia local?

R. Indudablemente, pero también hay que diferenciar entre historia local e historia localista. Lo que tenemos que hacer es, en primer lugar, evitar el intrusismo en la historia y la labor investigadora que ha dado lugar a muchos errores en esta materia. A ello se suma el manejo que hacen los políticos de la historia para reivindicar y que no hace sino denostarla. Lo que hay que hacer es ponerse al día de lo que son las nuevas corrientes historiográficas. 

Eduardo Velasco: “Para conocer la historia hay que empezar desde abajo”
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