En una entrevista concedida al grupo Imediacyl, el candidato socialista a la presidencia de la Junta sostiene que Castilla y León lleva décadas instalada en una “gestión del declive” y pide “una oportunidad” para romper lo que define como un círculo de resignación ante problemas que se han convertido en estructurales: despoblación, servicios públicos tensionados, falta de planificación territorial y una comunidad sin “voz propia” en Madrid y Bruselas.
“Asumo por coherencia” y con la marca PSOE en un momento difícil
Martínez asegura que su candidatura no estaba en su horizonte personal, pero la acepta por “coherencia”: si se cuestiona a diario que la Junta no responde en sanidad, educación, vivienda, empleo u ordenación del territorio, no se puede rehuir cuando se pide asumir responsabilidades. Reconoce, además, que la marca PSOE atraviesa un momento complejo por el desgaste de gobierno y casos internos, y apunta a un daño específico: “no me preocupa tanto la corrupción económica como la corrupción moral”, porque —dice— penaliza más en confianza ciudadana.
Aun con ese lastre, su tesis es que el foco electoral debe estar en el balance autonómico: “cuarenta años” de gobiernos del PP, que, a su juicio, explican la situación de partida de la comunidad.
Dos “almas” en la calle: miedo al populismo y ganas de cambio
El candidato describe un contexto internacional “perverso”, con auge de discursos extremistas y populistas, del que Castilla y León no puede aislarse. Pero, al mismo tiempo, afirma percibir en la calle una demanda de cambio que, según su lectura, atraviesa incluso a sectores de centro derecha. En esa idea apoya parte de su mensaje: no se trata solo de movilizar al votante tradicional socialista, sino de convencer a quien cree que “no podemos seguir así”.
En esa disyuntiva, insiste en que la Junta maneja alrededor de 15.000 millones de euros anuales y que, con ese presupuesto, “no se puede gestionar la miseria” ni limitarse a administrar inercias.
Pactos y Vox: “cortafuegos” y lista más votada
Martínez sitúa a Vox como el actor al que hay que poner “cortafuegos” cuando, en su opinión, defiende deteriorar instituciones y democracia. En ese marco, cuenta que propuso a Alfonso Fernández Mañueco un acuerdo público para que gobierne la lista más votada con grandes consensos (sanidad, educación, protección social, ordenación del territorio) y evitar que el gobierno dependa de Vox.
Según su versión, el PP no lo asumió porque siempre ha contado con el “comodín” de Vox. Anticipa que, tras las urnas, el PP volverá a “dar un cheque en blanco” para mantener el poder.
Sobre un hipotético gobierno alternativo con izquierdas y localistas, es tajante: no lo contempla. “En Castilla y León la izquierda es el PSOE”, afirma, y cree que la suma con fuerzas provinciales no alcanzaría mayoría.
“Hacer comunidad”: el diagnóstico de una Castilla y León sin proyecto
Una de las frases que vertebra la entrevista es la que da título: “El gran éxito de la derecha en Castilla y León es que cada provincia haga la guerra por su cuenta”. Martínez denuncia un modelo “uniprovincial” que, a su juicio, impide construir identidad de comunidad y debilita la capacidad de influencia.
Su receta se resume en una idea insistente: “hacer comunidad”. Para ello, propone reforzar una estructura social y de interlocución regional —más allá de sindicatos y patronal— y pasar de la suma de estrategias provinciales a una planificación común de servicios e inversiones.
En ese contexto, defiende una organización territorial que comarcalice oportunidades y servicios, entendiendo Castilla y León como una comunidad de pequeñas y medianas ciudades.
Bruselas y Madrid: voz propia y política “proactiva”
Martínez sostiene que Castilla y León necesita “alzar la voz” en Bruselas y Madrid. Critica decisiones del PP que, según su relato, han cedido espacios de influencia a Vox (comité de las regiones, industria, agricultura) y defiende la necesidad de anticiparse a los cambios europeos: reindustrialización, defensa, fondos y prioridades comunitarias.
En la entrevista menciona proyectos vinculados a industria y tecnología en distintas provincias, y cita también Zamora en el marco de iniciativas relacionadas con defensa y fondos europeos, como ejemplo de que —dice— “hay oportunidades” si se trabaja con planificación y acuerdos.
Vivienda: consorcio autonómico y parque público
En vivienda, el candidato dibuja un giro: denuncia que la intervención pública se ha reducido drásticamente desde los años 80 y que la vivienda se ha tratado como “bien de mercado”. Propone crear un Consorcio de Vivienda y Suelo de Castilla y León con ayuntamientos, diputaciones y actores del sector para actuar en cuatro frentes:
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crear un parque público de vivienda de titularidad pública,
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rehabilitar vivienda degradada (clave en el medio rural),
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movilizar vivienda vacía incentivando el alquiler,
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y articular medidas de apoyo mientras se construye oferta pública.
Despoblación y sanidad: “no es meteorología, es política”
Su mensaje sobre despoblación es frontal: “no es un fenómeno que cae del cielo”. La liga a desigualdad territorial y a un modelo que concentra inversiones y servicios en capitales y alfoces, dejando al resto en degradación progresiva.
En sanidad, carga contra listas de espera, falta de profesionales e infraestructuras que —según denuncia— avanzan con ritmos inasumibles. Presenta esos retrasos como síntoma de un “modelo fallido” de gestión autonómica y reclama reorganización territorial para garantizar derechos básicos.
Fiscalidad y financiación: músculo público y trato diferenciado al medio rural
Martínez rechaza el “titular fácil” de impuestos cero y defiende una fiscalidad progresiva, adaptada al territorio, con bonificaciones para quien vive en el medio rural por sus sobrecostes de desplazamiento y acceso a servicios. Su primera reivindicación a la Moncloa sería una ley de financiación justa que refleje el coste real de prestar servicios en una comunidad extensa, dispersa y con miles de municipios.
Campo, incendios y territorio: retorno económico y prevención profesional
En el campo, plantea que el sector agrario necesita alianzas y una defensa “fuerte” en Bruselas frente a recortes y burocracia. En incendios, aboga por cambiar el modelo de gestión forestal: retorno económico para quienes viven el monte, prevención todo el año y servicios profesionales acordes a una comunidad con gran masa forestal.
Leonesismo y medios: no dividir, sí corregir el abandono; independencia informativa
Sobre el debate leonés, afirma comprender el malestar identitario, pero rechaza dividir Castilla y León: considera que el problema es la gestión y el abandono. En medios, defiende el objetivo de evitar la dependencia de la publicidad institucional y acusa a la Junta de aplicar la norma de forma interesada; se abre a matices, pero insiste en preservar independencia y pluralidad como pilares democráticos.
Martínez intenta convertir estas elecciones en un examen de modelo: frente a la continuidad del PP y la centralidad de Vox en los pactos, ofrece “hacer comunidad”, planificar territorio y reforzar la voz de Castilla y León fuera de sus fronteras. La cuestión, en campaña, no será solo quién gana, sino si el electorado compra la idea de que el declive no es inevitable… o si prefiere seguir viviendo con la sensación de que cada provincia pelea sola, mientras el reloj demográfico y los servicios públicos siguen marcando la urgencia.