lunes. 03.10.2022

“No deberíamos ignorar la salud de nuestro cerebro”

Salamancatvaldia.es ha hablado con el neurólogo José Carlos Gómez, del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca, sobre la importancia de cuidar el cerebro para prevenir enfermedades neurológicas, como ictus, Alzheimer y otras demencias y cefaleas, las más comunes en nuestro entorno geográfico

José Carlos Gómez, neurólogo del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca vía Salamancatvaldia.es
José Carlos Gómez, neurólogo del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca vía Salamancatvaldia.es

"No deberíamos ignorar la salud de nuestro cerebro", porque como explica José Carlos Gómez, neurólogo del Complejo Asistencial Universitario de Salamanca (CAUSA), "las enfermedades de tipo neurológico constituyen la segunda causa más frecuente de muerte y contribuyen de forma muy importante a perder años de vida sin discapacidad". El cerebro es uno de los órganos más importantes de nuestro cuerpo, pero para que funcione correctamente es necesario cuidarlo. No podemos olvidar el importante papel que tiene el cerebro en nuestra salud en general, y ayudar a mantenerlo sano también está en nuestras manos, adoptando hábitos y un estilo de vida saludable. Sin embargo, como apunta el doctor Gómez, "tendemos a buscar una varita mágica que rápidamente nos libre del esfuerzo sostenido de cuidarnos y entrenarnos".

¿El cerebro es un órgano del que desconocemos lo importante que es y, por tanto, lo subestimamos a la hora de cuidar su buen estado de salud?

En general, en nuestro día a día, ponemos poco cuidado en apreciar el delicado y complejo equilibrio en que se mueve nuestro organismo cuando estamos sanos.

Si siempre es importante atender a las señales de nuestro cuerpo, a mí me parece que el caso del cerebro es especialmente importante. Al fin y al cabo, el sistema nervioso es fundamento y base biológica sobre la que se conforma la conciencia, la mente y el razonamiento creativo.

Incluso si nos restringimos a cuestiones mucho más operativas, no deberíamos ignorar la salud de nuestro cerebro. A nivel mundial, las enfermedades de tipo neurológico constituyen la segunda causa más frecuente de muerte y contribuyen de forma muy importante a perder años de vida sin discapacidad.

¿Nuestro cerebro deja de desarrollarse en algún momento?

Como neurólogo de adultos atiendo a la capacidad de regeneración y plasticidad del cerebro, más que el desarrollo.

Cuando en un adulto sano ya están formadas las intrincadas y complejas redes neuronales del cerebro, formar neuronas, axones y mielina nuevos supone un riesgo de introducir inestabilidad en los circuitos. Esa búsqueda de estabilidad del cerebro adulto es un freno a la regeneración que ha de eludirse cuando aparecen problemas. Cada día se conocen mejor los mecanismos moleculares que pueden estimular esa regeneración. Si bien, a fecha de hoy, la capacidad que tenemos de estimular esa capacidad de una forma ordenada y funcional es muy limitada.

No debe olvidarse otra capacidad enormemente importante. Sin formar nuevos elementos se puede recuperar función a base de optimizar las redes aún indemnes, de reconfigurar los circuitos que aún puedan usarse, de re-organizar el mapa de conexiones. Ambas capacidades son la base en que se fundamenta la neuro-rehabilitación.

No obstante, nuestro potencial para influir en el cerebro es mucho mayor en lo que respecta a cuidarnos del daño que a restaurar el daño ya generado.

¿Hasta qué punto influyen los hábitos saludables en el cerebro?

Disponemos de herramientas para cuidar nuestro cerebro. Lo que ocurre es que se basan en la modificación de hábitos y estilo de vida. Y, ya se sabe, tendemos a buscar una varita mágica que rápidamente nos libre del esfuerzo sostenido de cuidarnos y entrenarnos.

Se me ocurren ejemplos en dos de los principales trastornos neurológicos. Hay abundantes estudios, tanto observacionales como ensayos clínicos, sobre la relación positiva entre el ejercicio físico y el estado cognitivo. También en los ancianos. Es cierto que los ensayos son pequeños y de corta duración, y el tipo de programas de ejercicios variables. Pero el número de ensayos positivos es suficientemente alto como para no obviarlo.

Otro ejemplo: Está claro como la dieta saludable, evitar el sobrepeso y el ejercicio tienen impacto en la salud vascular y, lógicamente, también en los ictus.

¿Cuáles son las enfermedades más frecuentes que alteran el funcionamiento de nuestro cerebro?

En nuestro entorno geográfico los trastornos neurológicos con más impacto son los Ictus (enfermedades vasculares cerebrales), la enfermedad de Alzheimer y resto de tipos de demencias y, en tercer lugar, las cefaleas; con la migraña a la cabeza, nunca mejor dicho. Bien por lo que afectan a la calidad de vida, a la cantidad de vida o a ambas, estos tres tipos de trastornos son los que más contribuyen a la pérdida de salud por razones neurológicas.

Hay, por supuesto, otras enfermedades neurológicas como la enfermedad de Parkinson, la Epilepsia, la Esclerosis Múltiple, la Esclerosis Lateral Amiotrófica o los tumores del sistema nervioso. El impacto de éstas en el global de la población es proporcionalmente menor.

Obviamente hay matices. Por ejemplo, hay diferencias relativas en términos regionales. Así, los ictus son los principales responsables de alterar los años de vida con calidad en Europa oriental, mientras que en Europa occidental es la demencia, estando los ictus un poco por debajo.

Las cefaleas no tienen virtualmente impacto en la mortalidad; pero sí, y mucho, en términos de calidad de vida.

Otro matiz importante que no debemos olvidar es que estos datos cambian a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en los últimos años se está apreciando un aumento de la incidencia de enfermedad de Parkinson, algo que habrá que seguir vigilando.

Enlazando con la anterior, ¿cuáles pueden ser evitables, o al menos podemos reducir los riesgos de padecerla, adoptando un estilo de vida saludable?

El caso de los ictus ilustra bien la relación. Los estudios muestran consistentemente como el 90% de la responsabilidad de los ictus está en factores que potencialmente pueden ser modificados. Y, varias de esas circunstancias potencialmente modificables, tienen que ver con hábitos y estilo de vida.

Además, los hábitos saludables impactan a través de varias vías simultáneamente. Por ejemplo, una vida saludable tiene impacto en el riesgo de diabetes que es, a su vez, un factor de riesgo tanto de deterioro cognitivo como de ictus.

Este jueves, día 22 de julio, se celebra el Día Mundial del Cerebro, ¿qué consejos básicos hay que seguir para cuidarlo?

Siento si lo que contesto no tiene excesivo glamur. Pero es que los consejos para cuidar el cerebro son los consejos para cuidarnos en conjunto. Porque no somos una mera suma de órganos, sino un organismo integrado. Y están dichos por activa y por pasiva. Evitar el sobrepeso, comer sano, realizar ejercicio, no abandonar actividades mentalmente estimulantes, dormir, aprender a gestionar nuestras emociones, evitar el aislamiento social.

El problema es cómo llevar todo eso a la práctica. Es fácil soltar esa retahíla de consejos, pero luego la realidad es más complicada. Por ejemplo, ¿cómo evitar aislamiento social en personas mayores con problemas articulares y limitaciones sensoriales que viven solas en zonas despobladas? Quizás nuestro pecado es que tendemos a focalizarnos en el sistema de asistencia sanitaria, cuando, al final, la salud depende sobre todo de la educación, del entorno y de los determinantes sociales. Y estos, a su vez, de los valores.

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