Este es Manolo Kamisutra
Treinta y dos años. Las treinta y dos ediciones de Motos Sanabria. Sin faltar a una sola cita. Un récord silencioso que muy pocos pueden decir que han conseguido y que le convierte, por derecho propio, en una institución dentro de la concentración.
Su historia no se escribe con kilómetros sobre la moto, sino con miles de camisetas dobladas, planchas de serigrafía, cajas de parches, chapas, sudaderas, chalecos y una furgoneta que cada verano encuentra su sitio en la avenida principal de El Puente de Sanabria.
Allí, junto a su familia y al equipo que le acompaña desde hace años, Manolo convierte un puesto de venta en un punto de encuentro. Siempre hay alguien que busca una camiseta, otro que necesita un parche para su chaleco, quien quiere una chapa para recordar el viaje o el clásico cliente que llega con una prenda bajo el brazo y escucha la frase que ya es casi una marca de la casa:
—"Te lo grabo ahora mismo... en dos minutos lo tienes."
Y así ocurre. Mientras otros esperan días por una personalización, en el puesto de Manolo todo sucede casi al instante. Esa cercanía, ese trato familiar y esa forma de entender el comercio han hecho que miles de moteros lo busquen edición tras edición.
Este año las ventas volvieron a demostrar que la concentración atraviesa uno de sus mejores momentos. Las noches frescas de Sanabria hicieron el resto.
"Este año casi me quedo sin sudaderas", comentaba entre risas mientras atendía sin descanso.
Y no es para menos. Quien ha dormido alguna vez en Sanabria sabe que, cuando cae el sol, el calor del día desaparece y una buena sudadera deja de ser un recuerdo para convertirse en una necesidad. Un detalle que, además de arrancar sonrisas, también forma parte del negocio de una familia que conoce perfectamente a los moteros y sus costumbres.
Pero el calendario no espera.
"Amigo, me tengo que marchar pronto mañana porque apenas me queda género. Tenemos que irnos a Faro."
No hay descanso. Apenas termina Motos Sanabria, la furgoneta vuelve a ponerse en marcha rumbo al sur de Portugal, donde otra de las grandes concentraciones moteras de la península espera a Manolo, a su familia y a todo el equipo que hace posible que miles de aficionados encuentren siempre ese recuerdo que llevarse a casa.
Treinta y dos años después, Manolo Kamisutra ya no es solo un comerciante. Es parte de la historia de Motos Sanabria. Una de esas personas que ayudan a explicar por qué esta concentración mantiene intacta su esencia generación tras generación.
Porque las concentraciones no solo las hacen las motos o los conciertos. También las construyen quienes madrugan para montar un puesto, quienes recorren miles de kilómetros con una furgoneta cargada de ilusión y quienes, año tras año, saludan a los mismos amigos como si el tiempo no hubiera pasado.
Gracias, Manolo. Gracias a toda tu familia. Gracias por seguir estando ahí desde el primer día. Porque hay personas que no solo venden recuerdos... forman parte de ellos.