La roja que desapareció: Argentina perdió el Mundial y también las formas

La corrección del acta que deja, por ahora, a Leandro Paredes sin castigo agrava las dudas sobre una FIFA que no puede mirar hacia otro lado ante las imágenes de la tangana final

 

tangana mundial España Argentina
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Argentina perdió la final del Mundial frente a España, pero el resultado deportivo terminó siendo solo una parte de una noche que dejó imágenes difíciles de justificar. La selección albiceleste, vigente campeona hasta el pitido final, no supo aceptar la derrota con la serenidad, la deportividad y la altura que exige una cita de esta dimensión.

La final terminó con España levantando la Copa del Mundo y con varios integrantes de la delegación argentina protagonizando enfrentamientos, agarrones y una tangana que dio la vuelta al planeta. Las imágenes han quedado ahí, por mucho que después una corrección administrativa haya hecho desaparecer del acta la supuesta tarjeta roja mostrada a Leandro Paredes.

Los primeros gráficos televisivos y numerosas crónicas recogieron que el árbitro Slavko Vinčić había expulsado al centrocampista argentino después del pitido final. Sin embargo, esa roja dejó posteriormente de constar en el registro oficial. Según las informaciones publicadas, la FIFA sostiene que no aparece ninguna expulsión de Paredes en el acta definitiva y que, por tanto, no existe una sanción automática derivada de aquella tarjeta.

Una rectificación administrativa puede modificar un documento. Lo que no puede modificar son las imágenes.

Lo que no aparece en el acta sí apareció en televisión

Paredes fue uno de los grandes protagonistas del altercado posterior a la final. Las imágenes lo mostraron enfrentándose a Eric García y a Gavi, en una sucesión de empujones, agarrones y forcejeos que terminó ensuciando el cierre del mayor torneo futbolístico del mundo.

La FIFA podrá corregir un acta, aclarar si existió o no una tarjeta y determinar qué acciones fueron observadas por el árbitro. Pero lo verdaderamente preocupante sería que la desaparición de esa roja terminara convirtiéndose en una vía para no investigar unas conductas que millones de personas pudieron contemplar.

No se trata de perseguir a una selección por haber perdido. Se trata de exigir a todos el mismo comportamiento y la misma responsabilidad.

El fútbol profesional dispone de decenas de cámaras, sistemas de vídeo y mecanismos disciplinarios precisamente para evitar que una acción violenta quede impune por no haber sido correctamente anotada sobre el césped. Si la FIFA utiliza las imágenes para revisar goles, penaltis o expulsiones, también debe utilizarlas cuando la violencia aparece después del último pitido.

Una derrota que Argentina no supo gestionar

Argentina había competido durante todo el campeonato con la intensidad y el orgullo que históricamente caracterizan a su selección. Nada puede reprocharse a la entrega, a la ambición o al deseo de ganar. El problema aparece cuando la competitividad se transforma en marrullería y cuando la frustración termina en agresividad.

La Albiceleste no dio una buena imagen en el desenlace de la final. Algunos de sus futbolistas y miembros del cuerpo técnico parecieron más interesados en prolongar el enfrentamiento que en reconocer la victoria del rival.

Las redes sociales han dictado ya su propio veredicto. Las imágenes se han reproducido por todo el mundo y Argentina ha salido mal parada. No por perder, sino por no saber perder.

Una selección campeona del mundo tiene una responsabilidad añadida. Representa a un país, a millones de aficionados y también a unos niños que observan a sus ídolos. Los valores del fútbol no pueden limitarse a discursos institucionales, campañas publicitarias o fotografías antes de los partidos. Tienen que demostrarse precisamente en los momentos más difíciles.

Y el momento más difícil para un deportista es la derrota.

España ganó también cuando hizo el pasillo

El contraste con España fue demoledor.

Los jugadores españoles hicieron el pasillo a Argentina en su salida para recibir la medalla de subcampeona. Lo hicieron después de una final tensa, después de los enfrentamientos y después de haber recibido provocaciones y acciones que pudieron evitarse.

Ese pasillo fue mucho más que un gesto protocolario. Fue una demostración de respeto hacia el rival y hacia el fútbol.

España había ganado el partido, pero también ganó en comportamiento, serenidad y caballerosidad. Supo celebrar sin humillar y reconocer al adversario incluso después de una noche cargada de tensión.

No es necesario convertir a España en una selección perfecta ni afirmar que ninguno de sus jugadores participó en los forcejeos. En una tangana siempre existen reacciones, empujones y respuestas. Pero el origen, la intensidad y el comportamiento general de ambas delegaciones dejaron una diferencia evidente.

España entendió que había ganado un Mundial.

Argentina pareció no entender que también debía saber perderlo.

La FIFA no puede esconderse detrás de un error administrativo

La eliminación de la roja de Paredes plantea más preguntas que respuestas.

¿Se mostró realmente la tarjeta? ¿Fue un error de la retransmisión? ¿Se anotó inicialmente y se corrigió después? ¿El árbitro decidió finalmente no incluirla? ¿Por qué las primeras informaciones daban por segura la expulsión?

La FIFA debe ofrecer una explicación clara. No basta con modificar silenciosamente un documento y actuar como si nada hubiera ocurrido.

También debe diferenciarse entre la supuesta tarjeta roja y la investigación de los incidentes. Que Paredes no figure como expulsado no debería impedir que su conducta pueda ser revisada posteriormente. La normativa disciplinaria permite actuar sobre comportamientos violentos que no fueron vistos, no quedaron reflejados o no recibieron una sanción suficiente durante el encuentro.

La organización mantiene bajo análisis, según diversas informaciones, las acciones protagonizadas por varios jugadores y miembros del cuerpo técnico argentino. Entre los nombres señalados aparecen Leandro Paredes, Nahuel Molina y Roberto Ayala por diferentes enfrentamientos con futbolistas españoles. La investigación podría concluir con suspensiones, multas o medidas contra la Asociación del Fútbol Argentino, aunque por ahora no existe una resolución definitiva.

Conviene, por tanto, no confundir la desaparición de una tarjeta con el cierre completo del expediente.

El peor castigo ya está en las imágenes

Puede que las sanciones sean importantes o terminen siendo mínimas. Puede que la FIFA considere algunas acciones como conducta violenta o que las rebaje a simples enfrentamientos colectivos. Puede incluso que la investigación termine sin castigos de especial relevancia.

Pero el daño reputacional ya está hecho.

Argentina llegó a la final como una de las selecciones más respetadas del mundo y terminó el campeonato asociada a una tangana, a empujones y a una incapacidad evidente para aceptar el resultado.

La grandeza de una selección no se mide únicamente por las copas levantadas. También se mide por su comportamiento cuando la copa la levanta otro.

España fue campeona del mundo sobre el césped y salió reforzada fuera de él. Argentina fue subcampeona, pero algunos de sus integrantes convirtieron una derrota deportiva en una derrota también moral.

Ahora le corresponde a la FIFA decidir si quiere proteger verdaderamente los valores que proclama o si una simple corrección administrativa será suficiente para hacer desaparecer lo que todo el mundo vio.

Porque la roja podrá borrarse del acta.

La tangana, la agresividad y la mala imagen no se borran tan fácilmente.

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