martes. 27.02.2024
Las tres mujeres ingenieras que han participado en el encuentro propiciado por los colegios de ingenieros industriales de Castilla y León. De izquierda a derecha: Almudena Ortiz (León), Rosa Hidalgo (Valladolid) y Ana Bocanegra (Burgos)
Las tres mujeres ingenieras que han participado en el encuentro propiciado por los colegios de ingenieros industriales de Castilla y León. De izquierda a derecha: Almudena Ortiz (León), Rosa Hidalgo (Valladolid) y Ana Bocanegra (Burgos)

Las mujeres que se dedican a la ingeniería industrial en España representan aproximadamente el 19% del total, según el Observatorio de la Ingeniería, un porcentaje similar al registrado en Castilla y León, a tenor de las estimaciones de los colegios de la Comunidad, si bien las mujeres colegiadas suponen sólo el 15%.

Así se ha puesto de manifiesto en el transcurso del encuentro propiciado por los colegios de ingenieros industriales de Castilla y León, con motivo del ‘Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia’, que se celebra este domingo, día 11, en el que han participado tres colegiadas en activo: Ana Bocanegra (Burgos, 1987), Almudena Ortiz (Astorga, León,1979) y Rosa Hidalgo (Valladolid, 1970).

Aunque la presencia de la mujer es aún escasa, los datos revelan que se ha incrementado en los últimos años, sobre todo entre las mujeres menores de 45 años. Hay que tener en cuenta de que se trata de una profesión con un gran potencial de futuro. La industria es el sector que genera mayor valor añadido por unidad de trabajo y supone el principal soporte de las exportaciones. Además, crea empleo estable y de calidad; y España es el quinto país con mayor producción industrial de Europa.

“El nivel de nuestra ingeniería tiene un fuerte reconocimiento en toda Europa, pero el peso de nuestra industria en el PIB ha descendido en 20 años del 19% al 14,7%, mientras en Alemania ha seguido creciendo y alcanza el 29%”, señala el informe del Observatorio de la Ingeniería, el primero que se ha hecho en España.

Respeto profesional

“He tenido que ganarme el respeto de mi entorno laboral por mi capacidad profesional, pero no ha tenido nada que ver el hecho de ser mujer””, asegura Ana Bocanegra, CEO de FBocanegra Máquinas Especiales.

Bocanegra sostiene que en su día a día se relaciona con bastantes ingenieras, “aunque no tantas como hombres, pero nuestra presencia ha ido en aumento; la brecha fundamental está entre las mujeres de mayor edad”. Y señala que en su entorno personal las mujeres en la ciencia son mayoría.

Versatilidad y capacidad de trabajo

Por su parte, Almudena Ortiz, profesora e investigadora de la Universidad de León (ULe), sostiene que uno de “los grandes pilares de la ingeniería, radica en que, además de adquirir unas competencias profesionales reguladas, nos hace desarrollar capacidad de razonamiento, versatilidad y capacidad de trabajo, imprescindibles para afrontar cualquier reto en la vida, tanto profesional como personal”.

En su opinión, las perspectivas de la ingeniería industrial van ligadas a los movimientos socioeconómicos que se están viviendo y que se van a vivir en los próximos años. “No es fácil adivinar, pero considero que dependerá del valor que se le dé a lo que habitualmente conocemos como cultura del esfuerzo. Sin esfuerzo, no hay resultados”, insiste.

En la actualidad y en el futuro —apunta— es importante “seguir formándose para ser más competitivo en el mercado laboral y poder optar a ocupar aquellos puestos de trabajo que mueven el mundo”.

Por su parte, Rosa Hidalgo, autónoma, que ejerce como freelance, defiende que la ingeniería le “ha permitido trabajar en diferentes campos”, adaptándose tanto a los tiempos como a su situación personal. “Cada nuevo proyecto es un reto y un nuevo aprendizaje. Aunque se está produciendo un cambio de mentalidad, nos falta poner en valor figuras de mujeres relevantes, de ingenieras industriales que han sido una referencia”.

Ana Bocanegra, Almudena Ortiz y Rosa Hidalgo coinciden en señalar que las mujeres que quieren dedicarse a este trabajo “deben saber que ésta es una profesión que requiere mucho esfuerzo; pero si les gusta, que no tengan miedo”.

Y al mismo tiempo, añaden, es una profesión que aporta “fortaleza, seguridad y las herramientas para afrontar todos los retos de la vida, en gran medida, por su versatilidad”. En palabras de Hidalgo, las capacidades de aprendizaje de la ingeniería industrial no la tienen otras profesiones.

Una cuestión cultural

En opinión de Ortiz, el bajo número de ingenieras responde más a una cuestión cultural y del papel de la mujer en la sociedad, que se ha ligado tradicionalmente a la disponibilidad de tiempo, condicionada en muchas ocasiones por las expectativas de su vida en cuanto a la crianza. “Pero creo que nuestro cerebro tiene la misma capacidad que el de los hombres para dedicarnos a la ciencia”.

Por eso, la clave para Bocanegra “pasa por la conciliación, pero no solo en la empresa, sino también por la conciliación en el seno de cada familia”. E insistió en que  las empresas “quieren a las personas que mejor puedan desempeñar un trabajo, sean hombres o mujeres”.

Gestión del tiempo

Por su parte, Ortiz, en su experiencia como ingeniero consultor y posteriormente como profesora e investigadora en la Universidad, reconoce que en su entorno ha habido un menor número de mujeres. Algo en lo que coincide con Hidalgo, que en su actividad —más centrada en los proyectos y la construcción— se ha encontrado con una inmensa mayoría de hombres a su alrededor.

Hidalgo señala como una de las claves hacia la igualdad pasa necesariamente por una buena gestión del tiempo: “Lo importante es hacer el trabajo lo mejor posible, no el horario de trabajo”, insiste.

“Me di de alta como autónoma casi por obligación, pero al final soy autónoma por devoción; y a estas alturas no lo cambiaría por nada”, asegura, después de trabajar por cuenta propia desde el año 2002.

Si hay algo en lo que coinciden también las tres es en que no creen mucho en las políticas de cuotas. Son más partidarias de que las mujeres dispongan de las mismas posibilidades reales que los hombres, en cuanto a conciliación y un mercado laboral más flexible, que de establecer unos porcentajes.

“En cada puesto debe estar el que mejor pueda hacer el trabajo”, sostiene Bocanegra. “Se puede dar la circunstancia de que las mujeres seamos mejores y ocupemos más del 50% de los puestos de responsabilidad en una organización. Entonces, estaríamos también incumpliendo la ley”, concluye. 

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