En la calle Mazo de Santo Domingo ya no se escucha el ir y venir constante de voces que entraban y salían sin mirar el reloj. La persiana del bar Carpanta de Benavente ha bajado definitivamente y, con ella, se apaga uno de esos lugares que no solo servían bocadillos, sino que sostenían rutinas, afectos y recuerdos compartidos.
Durante años —para muchos, desde la infancia— Carpanta fue algo más que una bocatería. Fue el primer sitio al que ir con amigos, el refugio barato cuando el bolsillo apretaba y el punto de encuentro inevitable en días señalados. No hacía falta quedar: bastaba con pasar por allí. Siempre había alguien conocido, siempre había mesa, siempre había conversación.
El cierre del local ha tenido un eco que va mucho más allá de lo comercial. En redes sociales ha circulado una carta de despedida escrita por una clienta habitual, difundida por la cuenta Soy camarero y que ha publicado hasta un periódico deportivo, en la que se resume un sentimiento ampliamente compartido en Benavente: la sensación de que no solo desaparece un negocio, sino una parte de la vida cotidiana de la ciudad.
Carpanta formaba parte de esas geografías emocionales que no aparecen en los planos turísticos, pero que explican mejor que nada cómo se vive un lugar. Cumpleaños improvisados, tardes eternas, fiestas locales marcadas por paradas obligatorias y bocadillos con nombre propio convertidos en ritual. Todo eso sucedía entre esas paredes.
Ahora, la calle Mazo de Santo Domingo gana silencio. Y Benavente pierde uno de esos espacios que ayudaban a tejer comunidad sin grandes pretensiones: precios ajustados, trato cercano y la certeza de que siempre había un sitio donde sentarse y sentirse en casa.
Por todo ello, esta vecina traslada a los responsables del local un mensaje de reconocimiento y gratitud, recordándoles que pueden sentirse orgullosos de la trayectoria construida durante años. «Hoy, al bajar la persiana por última vez, espero que lo hagáis con la tranquilidad de saber que el trabajo estuvo bien hecho. Carpanta ha formado parte de la historia personal de muchos benaventanos. Ahora llega el momento de parar, disfrutar y dedicaros tiempo».