Cinco años después de dejar Málaga para asentarse en la comarca de Sayago y comenzar una nueva vida ligada al medio rural, Israel Sepúlveda y Ofelia Amores han decidido poner punto final a su proyecto. La pareja ha sacado a la venta su finca de 6.000 metros cuadrados en Moral de Sayago, junto a sus pequeñas construcciones y su rebaño de ovejas, tras un camino marcado por las dificultades, la sensación de no haber sido bien recibidos y, finalmente, un incendio que lo arrasó todo y precipitó su marcha.
Llegaron con la intención de quedarse. Apostaron por la España vaciada, compraron un terreno privado rodeado de monte y levantaron, poco a poco, un proyecto de vida sencillo, vinculado a los animales y a la naturaleza. Durante casi cinco años trabajaron la finca, formaron un pequeño rebaño de ovejas y se integraron en la dinámica rural que buscaban lejos de la ciudad. Sin embargo, aseguran que el camino nunca fue fácil. Hablan de trabas, de falta de respaldo y de una integración social complicada en un entorno pequeño donde, dicen, no siempre se sintieron acogidos.
El golpe definitivo llegó el pasado 14 de septiembre de 2025, cuando un incendio forestal arrasó su finca en apenas 35 minutos. El fuego destruyó su vivienda, herramientas, enseres y documentación, además de acabar con parte de su ganado. En cuestión de media hora perdieron no solo su casa, sino el fruto de cuatro años de esfuerzo. Desde entonces, su situación se volvió crítica: sin hogar y sin recursos suficientes para reconstruir, se vieron obligados a dormir en su coche y a depender de la ayuda puntual de vecinos, asociaciones solidarias y del comedor social.
La pareja denuncia que, tras el incendio, no recibió ayudas institucionales que les permitieran rehacer su vida en el municipio. "Al contrario", nos culpan del fuego, asegura Israel. A la pérdida material se sumó el desgaste emocional y la convicción de que seguir en Moral de Sayago ya no era una opción viable. “El fuego fue el principio del fin”, reconocen. La suma de obstáculos previos y la falta de apoyo tras la catástrofe terminó por empujarles a tomar una decisión que nunca habían contemplado cuando llegaron.
Ahora, la finca se anuncia en Juntos por Sayago como un enclave natural, con refugios, árboles y cercanía a la ribera, y se vende junto al rebaño de 30 ovejas y un cordero. No se trata solo de una operación inmobiliaria, sino del cierre de una etapa. Israel y Ofelia no renuncian del todo al medio rural y estudian trasladarse a otro pueblo de la comarca, aunque reconocen que la experiencia les ha dejado una huella profunda. “Queríamos vivir aquí, pero no a cualquier precio”, explican.
Su historia vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda de la España vaciada: la de quienes llegan con voluntad de arraigo y terminan marchándose por la acumulación de dificultades.