Pilar, cocinera con más de 30 años de experiencia en comedores escolares y representante sindical en Hostelería y Restauración de UGT Zamora, considera que el debate sobre los menús escolares en la provincia va mucho más allá de lo que comen los alumnos cada día. A su juicio, las quejas surgidas en algunos colegios están relacionadas tanto con la adaptación a los nuevos criterios nutricionales como con la desaparición progresiva de las cocinas propias en los centros educativos.
Esta profesional ligada al mundo educativo desde las cocinas analiza el proceso de transformación que atraviesa el sistema de comedores escolares y advierte de sus efectos sobre la organización del servicio y la calidad de la atención diaria en los centros educativos.
En relación con las quejas sobre los menús en algunos colegios de la provincia, Pilar señala que las directrices actuales responden a criterios marcados a nivel europeo, orientados a mejorar la calidad nutricional de la alimentación escolar, aunque considera que la aplicación práctica genera desajustes en la aceptación por parte del alumnado.
"Los niños no están acostumbrados a los sabores", explica Pilar al referirse a la nueva normativa alimentaria, que reduce al mínimo los productos ultraprocesados y apuesta por una alimentación más saludable. Aunque comparte los objetivos nutricionales marcados desde Europa, considera que el cambio requiere un proceso de adaptación por parte del alumnado.
La representante sindical recuerda que actualmente solo el colegio Sancho II mantiene cocina propia en Zamora, mientras que otros centros han ido perdiendo este servicio. Cita como ejemplo el caso de La Candelaria, cuya cocina había sido reformada antes de cerrar hace unos ocho años. En contraste, la movilización de las familias permitió conservar la cocina del Sancho II y mantener la elaboración de los menús en el propio centro.
Para Pilar, esta evolución refleja un cambio estructural en el modelo de comedores escolares en la provincia, donde la reducción de cocinas propias ha ido desplazando la capacidad de decisión y control directo sobre la elaboración de los menús en los centros educativos.
El foco del debate se sitúa en el modelo de gestión. En Castilla y León, la denominada “línea fría” se ha consolidado como sistema mayoritario en muchos centros. Este modelo implica que la comida se elabora en cocinas centralizadas, a veces a cientos de kilómetros, para ser posteriormente refrigerada, transportada y regenerada en los colegios antes de su consumo.
La nueva normativa en materia de alimentación escolar ha supuesto un giro significativo en la oferta diaria de los centros educativos. Se eliminan de forma casi total productos como la bollería industrial, los zumos azucarados y los postres lácteos ultraprocesados, como natillas o helados, mientras que los fritos quedan limitados a una vez por semana, siempre con aceites de oliva o girasol no refinado. Los ultraprocesados como croquetas o empanadillas pasan a tener una presencia residual, restringida a una única vez al mes.
En este contexto, la discusión sobre los comedores escolares trasciende lo nutricional y se adentra en cuestiones de gestión pública, condiciones laborales y modelo educativo, mientras familias y profesionales siguen planteando dudas sobre si el sistema actual garantiza realmente que los niños coman mejor o simplemente diferente.