Hay rutas que conducen a castillos, miradores o monumentos. Y hay rutas que conducen a las palabras.
La que proponemos atraviesa Zamora siguiendo el rastro de tres hombres que transformaron el paisaje en poesía: León Felipe, Claudio Rodríguez y Jesús Hilario Tundidor.
Un viaje donde los versos sirven de brújula y donde cada parada ayuda a comprender mejor la provincia que los vio nacer o inspirarse.
Sus calles, sus plazas, el rumor del Duero, las viejas piedras románicas y los atardeceres que incendian el horizonte han servido de inspiración a generaciones de escritores que encontraron en esta tierra mucho más que un lugar donde vivir, encontraron una manera de mirar el mundo de una forma diferente.
Pocas provincias pueden presumir de haber dado a la literatura española nombres tan importantes como León Felipe, Claudio Rodríguez o Jesús Hilario Tundidor.
Tres voces diferentes. Tres formas de entender la poesía. Tres caminos que todavía pueden recorrerse. Porque Zamora sigue siendo una ciudad para leer despacio.
Primera parada: Tábara y el espíritu libre de León Felipe
El viaje comienza en Tábara. Entre los paisajes abiertos de Tierra de Tábara nació León Felipe, uno de los poetas más universales vinculados a Zamora. Su obra estuvo marcada por la libertad, el inconformismo y la búsqueda constante de respuestas.Pasear por las calles de la villa tabarense permite comprender parte de aquella personalidad rebelde que acabaría llevando su voz por medio mundo.Los horizontes amplios de esta comarca invitan a detenerse. A abrir un libro. Y a comprender por qué algunos poetas nunca aceptaron fronteras.
Podemos aprovechar la visita y disfrutar del Beato de Tábara y meternos de lleno en un tiempo pasado pero especial, en el interior de la Iglesia de Santa María, en sí misma una joya arquitectónica del siglo XII, declarada Bien de Interés Cultural en 1931. Aunque su factura es de época románica, su interior y cabecera se renovaron siglos más tarde, en el año 1761, con el apoyo del Marqués de Tábara. Beatos son copias manuscritas del Comentario al Apocalipsis de Beato de Liébana que han pasado a la Historia del Arte por sus ilustraciones. Considerados uno de los grandes tesoros de España, sus características técnicas y estilo pictórico son fundamentales para el estudio de la pintura y la escultura mozárabe y románica. Durante el siglo X el Scriptorium del Monasterio de San Salvador de Tábara fue uno de los más importantes centros europeos en la elaboración de estos códices manuscritos.
Segunda parada: Claudio Rodríguez y la luz de Zamora
Si existe un poeta inseparable de la ciudad, ese es Claudio Rodríguez. Su nombre está unido para siempre al Duero, a las calles del casco histórico y a la luz que envuelve Zamora en determinadas tardes de primavera. Su obra "Don de la ebriedad", escrita siendo apenas un muchacho, está considerada una de las grandes aportaciones a la poesía española del siglo XX. La mejor forma de acercarse a Claudio Rodríguez es caminar. Sin rumbo fijo. Desde la Plaza Mayor hasta el Castillo.Desde Balborraz hasta los jardines que miran al río. Como hacía el propio poeta. Porque Claudio escribía mientras paseaba. Y todavía hoy muchas de esas calles conservan intacta la atmósfera que alimentó sus versos. La ruta está marcada con señales que pueden descubrir en el paseo tranquilo y calmado por la Bien Cercada.
Tercera parada: Hilario Tundidor y la memoria de Zamora
La ruta concluye con otro de los grandes nombres de las letras zamoranas. Jesús Hilario Tundidor convirtió la palabra en una forma de conocimiento y dejó una de las trayectorias poéticas más reconocidas de Castilla y León. Fue Premio Adonáis y Premio Castilla y León de las Letras. Su Zamora es más íntima, reflexiva, pausada. Quizá por eso su lectura encuentra acomodo perfecto en los paseos junto al Duero, en los bancos de Los Pelambres o en los jardines que rodean la Catedral. Lugares donde el tiempo parece avanzar más despacio.
ENTRE lo gris lo violeta,
incierto,
y lo inseguro que se desvanece.
tibia melancolía de pasear
el íntimo esplendor:
un acompañamiento
de la mirada sola, vulnerada,
que vuela como alcotán herido, herida
sobre el espacio insólito
de la niebla bajo las alas húmedas
del atardecer.
Y tú a mi lado,
tu amor perdiéndose,
los anillos del agua, el silencio…
El puente de los poetas
Existe un lugar que resume perfectamente esta relación entre Zamora y la literatura. Es el conocido popularmente como Puente de los Poetas. Una infraestructura moderna que recuerda que la ciudad no quiso homenajear únicamente a un autor, sino a todos los poetas zamoranos que han contribuido a construir su identidad cultural. Desde allí la vista del Duero resulta magnífica. Y también la sensación de estar en una ciudad que ha sabido convertir la palabra en patrimonio. Allí mismo bajo el puente un monumento del recientemente fallecido Jose Luis Coomonte enreda al paseante y le invita a sentarse en los bancos próximos y ver atardecer entre pelambres y juncos, entre azudes y aceñas...
El rincón para leer
Busque un banco junto al Duero. Puede ser en Los Pelambres. Puede ser en Olivares. Puede ser junto a la Catedral cuando cae la tarde. Puede ser en el Mirador del Troncoso
Lleve consigo un libro de León Felipe, Claudio Rodríguez o Hilario Tundidor. No tenga prisa. Escuche el río, puede ver y observar cómo la luz cambia sobre las piedras de Zamora.
Y comprenderá algo que los poetas descubrieron hace mucho tiempo, que algunas ciudades no se recorren.
Se leen.