Zamora celebra con solemnidad la festividad de su patrón, San Ildefonso

La reflexión se adentró después en el corazón de la fe cristiana, invitando a “escuchar el ‘rumor de la vida’ y ver el ‘cielo nuevo y la tierra nueva’”, recordando que “el creer no es fruto del ver, sino del escuchar”
Zamora honra a San Ildefonso 1
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La ciudad de Zamora celebró en la tarde de este viernes, a las 19:00 horas, la festividad de San Ildefonso, patrono de la capital, con una solemne eucaristía que reunió a autoridades civiles y militares, representantes de cofradías y fieles de distintas parroquias. La celebración estuvo presidida por el obispo de la diócesis, Fernando Valera, y fue concelebrada por una veintena de sacerdotes y diáconos. Durante la homilía, el obispo subrayó la profunda vinculación de Zamora con su patrono, recordando que, “por pura gratuidad, Zamora conserva en sus entrañas de fe el cuerpo de san Ildefonso, orgullo de nuestra historia creyente”. Destacó asimismo la especial relación del santo con la Virgen María, evocando la tradición recogida por Gonzalo de Berceo y la escena de la entrega de la casulla, “obra angélica, no de hombre tejida”, como signo de confianza y de misión.

En este sentido, el obispo animó a los fieles a acudir a San Ildefonso como intercesor, afirmando con rotundidad: “Podemos confiar en san Ildefonso; es de fiar como intercesor de nuestra diócesis y de nuestra ciudad”, y dando gracias a Dios por “este gran confesor” que sigue acompañando la vida cristiana de Zamora.

La reflexión se adentró después en el corazón de la fe cristiana, invitando a “escuchar el ‘rumor de la vida’ y ver el ‘cielo nuevo y la tierra nueva’”, recordando que “el creer no es fruto del ver, sino del escuchar”. El obispo insistió en la necesidad de detenerse, mirar al interior y descubrir a un Dios que espera y conmueve, capaz de despertar en cada persona un futuro posible, “a condición de que no se deje aplastar por el peso de las cosas habituales”.

A partir de la figura de María y de la virginidad como categoría espiritual, el obispo planteó una llamada exigente y actual: romper con la lógica de la aparente inutilidad de lo esencial —rezar, esperar, perdonar— para abrirse a “el milagro de una existencia serena e inexplicablemente feliz”. Recordó que la fe es don gratuito, que “Jesús se recibe sin ningún mérito”, y que creer implica también silencio, gratuidad y confianza.

En un lenguaje cargado de imágenes bíblicas, definió la fe como “el perfume de Betania, los cinco panes y los dos peces, la semilla diminuta que crece y da sombra”, y animó a los fieles a dedicarse a aquello que parece inútil pero es profundamente valioso, “como el ungüento perfumado y como el pan que se hace Eucaristía”.

La celebración concluyó con un vino español ofrecido a los asistentes, como gesto de encuentro y amistad, prolongando en un clima fraterno la solemnidad de una jornada en la que Zamora volvió a reconocerse en la figura de su patrono y en la fe que ha marcado su historia.

Zamora honra a San Ildefonso
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