Segundo cierre del bar Aureto en la plaza de Viriato tras dos años y medio de actividad

La persiana bajada desde hace un mes refleja los cambios en el centro y las dificultades para mantener vivo un bar histórico
Bar Aureto
photo_camera Bar Aureto

La persiana del bar Aureto lleva cerca de un mes bajada en plena plaza de Viriato. No ha habido anuncios ni despedidas públicas. El cierre ha sido discreto, casi invisible para muchos, pese a tratarse de uno de los bares más reconocibles del entorno de la Diputación Provincial. Un silencio que llama la atención precisamente por la trayectoria del local y por el papel que durante décadas desempeñó en la vida diaria de Zamora.

Durante más de treinta años, Aurelio y Toñi estuvieron al frente del bar. Su etapa convirtió al Aureto en un punto de encuentro habitual para funcionarios, vecinos del barrio, trabajadores del centro y clientes fieles que encontraban allí un trato cercano y una rutina casi diaria. El bar formaba parte del pulso del barrio, cuando la zona tenía un movimiento constante y una clientela asegurada a lo largo de toda la jornada.

Hace algo más de dos años y medio, con la jubilación de sus propietarios históricos, el local pasó a manos de nuevos gestores. El relevo mantuvo el nombre y la actividad, pero no logró consolidar el mismo flujo de clientes. Según relatan algunos habituales, el contexto ya no era el mismo: el barrio ha perdido parte del tirón que tenía años atrás y las condiciones económicas, especialmente las rentas del local, dificultan la viabilidad de un negocio de hostelería tradicional en la zona.

El cierre actual no tiene por qué ser definitivo. La persiana bajada no descarta que el local pueda reabrir en el futuro bajo otra gestión. Sin embargo, la situación del Aureto refleja una realidad cada vez más frecuente en el centro de Zamora: bares con historia que encuentran dificultades para mantenerse cuando cambian las personas que los sostuvieron durante décadas y cuando el entorno urbano ya no responde como antes.

Hoy, el Aureto permanece cerrado, integrado casi sin ruido en el paisaje de la plaza de Viriato. Muchos pasan por delante sin detenerse, como si el bar siempre hubiera estado así. Tal vez ese sea el síntoma más claro del momento que vive la ciudad: los cierres ya no sorprenden, y los bares emblemáticos desaparecen —o quedan en pausa— sin apenas dejar rastro.

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Bar Aureto cerrado

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