sábado. 20.04.2024
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El Obispado de Zamora, preocupado por la conservación del patrimonio histórico-artístico de la diócesis, inició en su momento los trámites necesarios para la aprobación hoy de este expediente por parte de la comisión territorial de Patrimonio de la Junta de Castilla y León. El interés histórico de este tipo de construcción y su deteriorado estado de conservación motivaron a la delegación episcopal de Patrimonio a solicitar la autorización para su reparación.

El estado de conservación que presenta la obra es muy deficiente; los principales daños son consecuencia del proceso natural de envejecimiento de los materiales que componen la obra y las condiciones ambientales inadecuadas, especialmente los elevados niveles, oscilaciones e interacciones de la humedad relativa y temperatura, así como a los contaminantes ambientales.

El tiempo estimado de los trabajos de restauración es de tres meses.

Propuesta de intervención

El objetivo principal de los tratamientos será la conservación de la autenticidad histórica y estética de la obra, siguiendo en todo momento el criterio de mínima intervención y los documentos internacionales en materia de restauración. Estos tratamientos deberán ser: estables, reversibles y no alterar el aspecto original de la obra, siempre bajo los criterios de reversibilidad y diferenciación del original. Así mismo la actuación se realizará sobre la base de estudios científicos y técnicos que aseguren un correcto funcionamiento de los materiales, técnicas y productos empleados.

Interés histórico

El deseo de recibir sufragios por sus almas, pero también el afán de notoriedad social y de superioridad política de ciertos linajes zamoranos ejercían sobre el resto de la población condujo a algunos miembros de la elite local a enterrarse en el interior de los templos y a dejar memoria de sí con una inscripción. Algunos tan solo colocaron una lápida funeraria, en ocasiones muy austera y adornada con un sencillo epitafio, en otras acompañada de algún símbolo de su familia y algo más adornada.

Otros, como es el caso de don Juan Ordóñez de Villaquirán, levantaron un sepulcro en el que la figura yacente u orante del difunto ocupa un lugar preeminente, junto a los símbolos heráldicos de su familia y de alguna inscripción. Un texto que recuerda la identidad del difunto y de los cargos ejercidos a lo largo de su vida que puede ir acompañada, en ocasiones, por algún texto bíblico o alguna pintura.

Los más osados y también aquellos más capaces económicamente no solo mandaron grabar una lápida o construir su sepulcro, sino que levantaron capillas y fundaron capellanías de misas con las que se transformaron notablemente las parroquias zamoranas.

El Obispado de Zamora restaurará el sepulcro de los Ordóñez de Villaquirán en la...