David Hernández, vecino de la calle Bodegas, ha hecho pública su queja sobre la ejecución de la conocida como “obra del muro de Rabiche” y el abandono histórico que sufre el entorno de San Frontis desde hace años.
El problema se remonta a hace más de un año, cuando se produjo el derrumbe de un muro en la zona, donde se encuentran viviendas sociales de titularidad municipal construidas sobre un antiguo solar del Ayuntamiento, en un área con riesgos de inundabilidad. La intervención actual, que pretendía resolver este incidente, ha generado nuevas dificultades para los vecinos.
Durante la obra, el escombro y la tierra acumulada fueron trasladados a una parcela privada en lugar de mantenerse en la parcela municipal, lo que ha provocado que cada vez que llueve, las calles colindantes, especialmente la calle Bodegas, se conviertan en un barrizal que permanece varios días sin limpieza.
Hernández explica que, aunque los operarios han mostrado buena voluntad, la situación no puede solucionarse con esfuerzos individuales, y las llamadas tanto a la Policía Municipal como al servicio de limpieza no han obtenido una respuesta eficaz ni proporcional al problema. Además, el acceso de camiones y maquinaria ha invadido aceras, dificultando el paso peatonal y obligando a los vecinos a atravesar zonas impracticables cuando llueve.
El vecino denuncia que estos problemas se suman a un abandono histórico del barrio, con calles sin asfaltar, alumbrado deficiente, red de agua obsoleta y falta de mantenimiento generalizado. Hernández subraya que no se trata de un problema social ni étnico, sino de decisiones institucionales que han generado un entorno degradado y marginal.
“San Frontis necesita una intervención seria, integral y valiente. No parches, no obras aisladas que generan nuevos problemas y se eternizan en el tiempo”, asegura Hernández, que pide visibilizar la situación y exigir una actuación institucional que trate el barrio con el mismo respeto y cuidado que el resto de Zamora.
Concluye el vecino: “Lo que ocurre en esta zona no es un problema inevitable ni ajeno: es el resultado de decisiones —y de omisiones— perfectamente evitables. Tratar este barrio como una zona de segunda es una elección institucional que debería explicarse y asumirse públicamente. Los vecinos tenemos derecho a vivir en un entorno digno, seguro y limpio, y reclamamos que las autoridades actúen con responsabilidad y urgencia”.