sábado. 15.06.2024
El ladrillo misterioso. 300 años del descubrimiento de Ecce Homo de San Vicente
El ladrillo misterioso. 300 años del descubrimiento de Ecce Homo de San Vicente

El 12 de mayo de 1724, mientras se procedía al derribo de una casa cercana a la parroquia de San Vicente, apareció milagrosamente un pequeño ladrillo con una imagen del Ecce Homo modelada en su interior. El hallazgo fue acompañado de una agradable fragancia que salía del hueco donde se produjo este descubrimiento lo que llamó la atención de los obreros que ejecutaban el derribo del inmueble. Estos avisaron al párroco de San Vicente para que se hiciera presente en el lugar a certificar el hallazgo y ofrecer su parecer ante hecho tan milagroso.

En aquel momento, al frente de la parroquia de San Vicente estaba don Manuel de Novoa, autor de la conocida Historia de Numancia, que se personó en el lugar del hallazgo y llamó al notario público para que levantase testimonio de lo ocurrido. Después, trasladó el ladrillo a la parroquia de San Vicente donde lo expuso a la pública veneración de los fieles. Al año siguiente, el obispo José Gabriel Zapata (1720-1727) concedió indulgencias a los fieles que rezasen un credo ante la sagrada efigie y el padre Fray Juan de San Antonio, conocido franciscano y cronista de su orden, pronunció un solemne sermón en el que dio razón del hallazgo y aludió a todos los ladrillos que por diversos motivos habían aparecido en la historia sagrada. Ahora se cumplen 300 años de aquel hallazgo que celebramos en la parroquia con la exposición pública de este ladrillo el miércoles 12 de junio.La 

El ladrillo es una pieza de terracota vidriada, de formato similar a un cuadrado, que mide poco más de nueve centímetros de alto por algo más de ocho de ancho. Se encuentra orlado por un marco de coloro azul y blanco que se ha perdido en su mayor parte, pero que aún es visible en su parte superior y derecha. Falta la parte inferior izquierda, que se ha completado con otro mortero y que ya debía faltar en el momento de su hallazgo, pues según testimonia en su escrito de indulgencias el obispo de Zamora, don Jacinto de Arana y Cuesta (1728-1739), el ladrillo medía entre cinco y seis dedos de alto y estaba quebrado en una esquina abajo.

La figura del Ecce Homo modelada en su interior es una imagen de Jesús que aparece representado de cintura para arriba, con el torso desnudo, los brazos doblados y colocados sobre el abdomen y las muñecas anudadas por una cuerda con la que muestra su condición de Jesús preso. Una cuerda pende de su cuello y sobre el hombro izquierdo sostiene la caña con la que fue ultrajado por los soldados. La imagen se toca con una corona de espinas y el rostro se ladea hacia su derecha mostrando una honda melancolía. Se trata de una representación del varón de dolores según una imagen que se hizo muy popular durante la Edad Moderna.

Esta pieza de barro cocido se custodia en un sencillo relicario de plata fundida y grabada con forma de ostensorio que mide casi treinta centímetros de altura y presenta una decoración a base de motivos vegetales y florales. Justo debajo de la reliquia figura un angelote y sobre ella una cruz que corona el conjunto. Además, en el marco figura una inscripción que reza así: «el ilvstrissimo s. dn josephe gabriel zapata, obispo de zamora, concedió 40 días de indvlgencia a todas las personas que por cada bez que rezasen un credo. año 1725».

La Iglesia de San Vicente celebra tres siglos del Ecce Homo