EDITORIAL | No queremos pirómanos en Sanabria ni en Zamora

Hay delitos que atentan contra el patrimonio. Otros contra las personas. Y después están los incendios provocados, que atacan ambas cosas al mismo tiempo.

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Porque quien prende fuego a un monte, a un prado, a un pinar o a un pueblo no solo quema árboles. Quema el trabajo de generaciones, destruye ecosistemas, pone en riesgo viviendas, amenaza vidas humanas y condena durante décadas a quienes viven del territorio.

Las palabras del alcalde de Hermisende no pueden caer en saco roto. Tampoco las de los alcaldes de Sanabria o Carballeda, Sayago o Aliste. 

Cuando el edil afirma que existe la sospecha de que alguien esté intentando quemar San Ciprián y que podría tratarse de una persona conocedora del entorno, no habla desde el alarmismo, sino desde la preocupación que vive un pueblo que ha visto repetirse varios conatos en muy poco tiempo.

Y esa preocupación debería ser la de toda Zamora.

Porque Sanabria ya sabe demasiado bien lo que significa mirar una montaña y verla convertida en humo.

La provincia todavía arrastra las cicatrices de aquellos veranos negros en los que el fuego arrasó miles de hectáreas, dejó familias rotas, negocios hundidos y un paisaje que tardará décadas en recuperarse.

No hace falta recordar cifras....más de 60.000 hectáreas quemadas en 2022 y otras tantas en 2025. Basta con recorrer los montes. Ellos siguen hablando.

La impunidad también alimenta el fuego

Si realmente existe una mano detrás de estos incendios, la sociedad no puede resignarse a que vuelva a ocurrir lo de siempre.

Unos focos.

Una investigación.

Meses de silencio.

Y, demasiadas veces, ningún responsable. La sensación de impunidad es uno de los mejores aliados del pirómano. Quien prende fuego creyendo que nunca será descubierto vuelve a hacerlo.

Y vuelve.

Y vuelve.

Hasta que un día el viento cambia de dirección y la tragedia deja de ser un susto para convertirse en una catástrofe, es como en la violencia de género cuando el actor se suicida al final...porque no lo hiciste primero tu y así no harías sufrir a los demás...

Hay que endurecer las medidas

Provocar un incendio forestal no puede seguir considerándose únicamente un atentado contra el medio ambiente. Es un atentado contra la seguridad colectiva.

Quien prende fuego en pleno verano sabe perfectamente que puede provocar una tragedia humana. Por eso resulta razonable abrir un debate sobre medidas más contundentes: reforzar la vigilancia en las zonas más sensibles, ampliar el uso de cámaras y drones, incrementar la presencia de patrullas preventivas durante los episodios de máximo riesgo y perseguir con todos los medios disponibles a quienes juegan con el futuro de nuestros pueblos. No se trata de criminalizar a nadie. Se trata de proteger a quienes viven en el territorio. También al hilo de los gastos con el dinero que se gastó en apagar fuegos en el año pasado se habrían realizado planes estratégicos para toda España gastando 3.500 millones de euros...políticas orientadas a controlar y paliar durante el invierno redundarían en los veranos. Y si la masa forestal ha crecido pero también la cabaña ganadera ha menguado, y ellos son los mejores termómetros de como parar para arreglar. 

Sanabria no merece otro annus horribilis

Sanabria vive del turismo, de la naturaleza, del paisaje, de la ganadería, de sus bosques y de la imagen de un paraíso natural que miles de personas eligen cada verano.

Todo eso puede desaparecer en cuestión de horas. No es una exageración. Es una realidad que Zamora ya ha sufrido demasiado.  Cada incendio intencionado es una amenaza directa contra el empleo, la economía y el futuro de una comarca entera.

Y contra quienes decidieron quedarse a vivir donde otros solo van de vacaciones.

No basta con apagar incendios

Los bomberos, las brigadas forestales, los agentes medioambientales, la Guardia Civil y los voluntarios vuelven a demostrar cada verano una profesionalidad incuestionable.

Pero el éxito no puede medirse únicamente por la rapidez con la que se extinguen las llamas. El verdadero éxito será que un verano no haya que apagarlas.

Que el pirómano sea identificado antes de volver a actuar. Que quien decide jugar con fuego sepa que las consecuencias serán inmediatas. No es más limpio el que más limpia sino el que menos ensucia.

Defender Sanabria es defender Zamora

No queremos pirómanos en Sanabria.

Ni en Aliste.

Ni en La Carballeda.

Ni en Sayago.

Ni en ninguna parte de esta provincia.

Porque cada árbol que arde es un pedazo de Zamora que desaparece. Y porque cada incendio provocado es un ataque contra todos. Ha llegado el momento de dejar claro que proteger nuestros montes no es solo una cuestión medioambiental. Es una cuestión de justicia, de seguridad y de respeto hacia una tierra que ya ha sufrido demasiado.

Sanabria merece hablar este verano de senderos, de playas, de turismo, de gastronomía y de naturaleza.

Nunca más de humo.

Nunca más de miedo.

Nunca más de pirómanos.

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