El último episodio del espacio “Hablemos de Adicciones” pone el foco en una idea clave: la adicción rara vez surge como una búsqueda directa de placer. En muchos casos, según los especialistas, aparece como una estrategia de afrontamiento ante un sufrimiento emocional que la persona no sabe gestionar de otra manera.
El terapeuta Ramón Bravo lo resume de forma contundente: “No se nace adicto, se hace”. Una afirmación que atraviesa toda la conversación y que plantea un enfoque alejado de los estigmas tradicionales sobre esta enfermedad.
En el episodio, Bravo añade una reflexión que profundiza en esta idea: “Nadie empieza a consumir por gusto. Detrás de cada adicción hay una historia de búsqueda, de alivio, de huida o de silencio”. Según explica, la sustancia suele funcionar en un primer momento como una solución temporal al malestar, aunque con el tiempo termina agravando el problema y consolidando la dependencia.
Otro de los mensajes centrales del capítulo es que la recuperación no puede reducirse únicamente a la abstinencia. El proceso, subrayan los profesionales, implica una reconstrucción vital más amplia y sostenida en el tiempo.
“La base de la recuperación está en seguir viviendo, equivocándote, teniendo problemas, pero sin volver a consumir”, explica Bravo, que insiste en que la adicción debe abordarse como una enfermedad crónica que requiere acompañamiento continuado.
Los especialistas recuerdan que la vulnerabilidad emocional, el estrés o las crisis personales pueden actuar como factores de riesgo incluso después de largos periodos de abstinencia. Por ello, insisten en la importancia de mantener la atención terapéutica y el autocuidado como herramientas permanentes.
“La enfermedad es muy compleja, pero con el tiempo aprendes que necesitas cuidarte constantemente, independientemente de los errores que puedas cometer en la vida”, señala el terapeuta.
El episodio también dedica parte del diálogo a la figura del terapeuta en recuperación, profesionales que han vivido la adicción en primera persona y que hoy acompañan a otros pacientes desde la experiencia propia y la empatía.
“Donde más se aprende es intentando enseñar”, afirma Bravo, en una reflexión que subraya el valor de la experiencia vivida dentro del proceso terapéutico.
Tanto el propio Ramón Bravo como los profesionales participantes coinciden en que la recuperación debe ir más allá del abandono del consumo y centrarse en la reconstrucción integral de la vida de la persona, incorporando dimensiones psicológicas, emocionales, familiares y sociales.
El objetivo del tratamiento, concluyen, no es únicamente dejar de consumir, sino dotar a la persona de herramientas que le permitan sostener su recuperación a largo plazo y afrontar las dificultades de la vida sin recurrir a la sustancia.