Los errores financieros que pueden poner en riesgo un negocio al empezar y cómo evitarlos

Una mala planificación de los gastos, mezclar las cuentas personales con las empresariales o asumir deudas sin calcular la capacidad de pago puede comprometer la estabilidad de un emprendimiento desde sus primeros meses
Imagen de recurso sobre emprendimiento de negocios
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Emprender no consiste únicamente en tener una buena idea y encontrar clientes. La gestión del dinero puede marcar la diferencia entre un negocio que consigue consolidarse y otro que empieza a acumular problemas desde sus primeros meses de actividad.

Una planificación financiera adecuada permite conocer cuánto dinero necesita realmente el negocio, qué gastos tendrá que afrontar y qué margen existe para hacer frente a periodos de menores ingresos o a imprevistos.

Por eso, antes de realizar una inversión o poner en marcha un proyecto, resulta fundamental identificar los errores financieros más habituales entre quienes comienzan un negocio y establecer mecanismos para evitarlos.

Calcular solo cuánto cuesta abrir el negocio

Uno de los errores más frecuentes consiste en concentrar toda la planificación en la inversión inicial. Comprar maquinaria, equipos, mobiliario, productos o material es solo una parte del dinero necesario para poner en funcionamiento una empresa.

Después llegan el alquiler, los suministros, los impuestos, los salarios, el mantenimiento, los proveedores y otros gastos operativos que deben pagarse incluso cuando las ventas todavía no han alcanzado el nivel esperado.

Por eso, el presupuesto inicial debería contemplar no solo cuánto cuesta abrir el negocio, sino también cuánto dinero será necesario para mantenerlo durante los primeros meses.

Empezar sin un presupuesto

Otro problema habitual es comenzar a trabajar sin tener una previsión clara de ingresos y gastos.

Un presupuesto permite establecer cuánto dinero se puede destinar a cada partida y, sobre todo, cuántos ingresos necesita generar el negocio para cubrir sus costes.

Esta información resulta especialmente útil para detectar a tiempo posibles problemas de liquidez y evitar que determinadas decisiones de gasto terminen comprometiendo la continuidad de la actividad.

No disponer de un fondo para imprevistos

Incluso un negocio que funciona correctamente puede atravesar un periodo de menor actividad o enfrentarse a un gasto inesperado.

Una avería, una caída temporal de las ventas, un retraso en los pagos de clientes o un aumento de determinados costes pueden generar tensiones económicas. Contar con una reserva de emergencia proporciona un margen de maniobra para afrontar estas situaciones sin tener que recurrir inmediatamente a nueva financiación.

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Mezclar las cuentas personales y las del negocio

Utilizar el mismo dinero para los gastos personales y empresariales dificulta saber cuál es realmente la situación económica de la actividad.

Separar ambas finanzas permite conocer los ingresos, gastos y beneficios reales del negocio, además de facilitar el control de los movimientos y la planificación de futuras inversiones.

También ayuda a evitar que el emprendedor utilice de forma habitual dinero personal para cubrir gastos de la empresa sin saber hasta qué punto el negocio es capaz de sostenerse por sí mismo.

Pedir financiación sin calcular la capacidad de pago

El crédito puede ser una herramienta útil para poner en marcha una inversión o impulsar el crecimiento, pero asumir una deuda sin analizar previamente la capacidad de devolución puede convertirse en un problema de liquidez.

Antes de solicitar financiación conviene estudiar el importe, el plazo, el coste financiero y las cuotas que habrá que afrontar, comparándolas con los ingresos previsibles del negocio.

La pregunta no debería ser únicamente cuánto dinero se puede conseguir, sino cuánto se puede devolver sin poner en peligro la actividad.

Descuidar el flujo de caja

Vender no significa necesariamente tener dinero disponible.

Un negocio puede registrar ventas y, al mismo tiempo, atravesar dificultades para pagar sus facturas si los clientes tardan en abonar sus compras o si los gastos deben afrontarse antes de recibir los ingresos.

Por eso es fundamental controlar cuándo entra y cuándo sale el dinero, una información que permite anticipar posibles problemas y organizar mejor los pagos.

Cómo mejorar la salud financiera del negocio

La planificación debe mantenerse durante toda la vida del emprendimiento y no limitarse al momento de su creación. Establecer metas financieras concretas, elaborar un presupuesto actualizado y registrar de manera constante ingresos y gastos facilita la toma de decisiones.

También resulta recomendable calcular con antelación el capital necesario para cubrir alquileres, salarios, suministros, proveedores e insumos mientras la actividad comienza a generar ingresos suficientes.

A ello se suma la conveniencia de preparar diferentes escenarios. Analizar qué ocurriría ante una caída de las ventas o un gasto extraordinario permite diseñar una respuesta antes de que llegue el problema.

Cinco claves para evitar problemas financieros

1. Planificar cada inversión. Antes de realizar un gasto, conviene determinar cuánto dinero requiere y qué retorno puede aportar al negocio.

2. Controlar los costes. Identificar los gastos imprescindibles permite optimizar los recursos sin comprometer el funcionamiento de la actividad.

3. Crear un fondo de respaldo. Reservar parte de los ingresos ayuda a disponer de recursos cuando aparecen gastos inesperados o periodos de menor facturación.

4. Revisar periódicamente los resultados. Analizar ingresos, gastos y rentabilidad permite detectar desviaciones y corregirlas antes de que se conviertan en un problema mayor.

5. Tomar decisiones basadas en datos. Disponer de información financiera actualizada facilita valorar nuevas inversiones, solicitar financiación o planificar el crecimiento.

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Las señales que indican que las cuentas necesitan atención

Existen algunos síntomas que pueden alertar de que la gestión financiera del negocio necesita mejorar. No conocer con precisión las ganancias mensuales, recurrir habitualmente al dinero personal para pagar gastos empresariales o desconocer cuánto cuesta mantener la actividad son algunos de ellos.

También conviene prestar atención a las dificultades recurrentes para afrontar pagos o a la ausencia de dinero disponible para hacer frente a imprevistos.

Una administración financiera ordenada permite tener mayor control sobre las operaciones, aprovechar mejor los recursos disponibles y afrontar con más margen las situaciones inesperadas.

Porque emprender no significa únicamente poner en marcha una idea. También implica conocer los números del negocio, controlar los gastos y tomar decisiones que permitan mantener la actividad y prepararla para crecer.

Fuente: https://www.cajaarequipa.pe

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