Hay emergencias que terminan con abrazos. Otras terminan con lágrimas. La vivida en Ricobayo durante las últimas horas pertenece a este segundo grupo. Sin final feliz, pero con una respuesta ejemplar de todos los servicios de emergencia que participaron en la búsqueda de un joven de 19 años de nacionalidad venezolana desaparecido mientras se bañaba con unos amigos en el embalse.
La voz de alarma se dio en la tarde del viernes. El joven se encontraba nadando cuando desapareció de la vista de sus acompañantes. A partir de ese momento comenzó una carrera contrarreloj en la que cada minuto contaba y en la que decenas de profesionales pusieron sobre el terreno todos los medios disponibles para intentar encontrarlo con vida.
Los primeros en llegar tras la alarma de los amigos que estaban con el joven fueron los agentes de la Guardia Civil, que activaron de inmediato un dispositivo de búsqueda que fue creciendo con el paso de las horas. A medida que avanzaba la tarde se fueron incorporando más medios terrestres, aéreos y acuáticos, convirtiendo Ricobayo en el escenario de uno de los mayores despliegues de emergencias de los últimos tiempos en la provincia.
Participaron varias patrullas de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil, efectivos del SEPRONA con embarcación, la Oficina Móvil de Atención a la Ciudadanía (OMAC), el Equipo PEGASO con diferentes drones, la Unidad Aérea de León (UHEL) y especialistas del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS), encargados de las inmersiones en el embalse.
A ellos se sumaron los Bomberos del Consorcio Provincial de la Diputación de Zamora, con embarcaciones desplazadas desde Zamora y Bermillo de Sayago, así como numerosos particulares que ofrecieron de manera altruista sus lanchas y embarcaciones desde el embarcadero de Ricobayo. Incluso las pedaletas del restaurante de la zona fueron puestas a disposición de los equipos para recorrer las orillas ante la posibilidad de que el joven hubiera logrado salir del agua y se encontrara desorientado.
El Puesto de Mando Avanzado quedó instalado en el Mirador de Ricobayo, desde donde la Guardia Civil coordinó todas las operaciones bajo la dirección del Teniente Adjunto de la Compañía de Zamora.
La búsqueda se prolongó hasta bien entrada la noche. Con la caída del sol, los trabajos se suspendieron temporalmente para retomarse al alba. La tormenta que descargó sobre buena parte de la provincia durante la madrugada no frenó la determinación de los equipos de rescate, que desde primera hora reorganizaron el dispositivo y redefinieron los cuadrantes de rastreo.
Mientras los drones y el helicóptero continuaban inspeccionando la superficie desde el aire, los GEAS y los equipos especializados llegados desde Valladolid centraban sus esfuerzos bajo el agua.
Fue precisamente durante una de esas inmersiones cuando llegó la noticia que nadie quería escuchar.
Tras revisar un nuevo cuadrante de búsqueda, a unos doce metros de profundidad, una pareja de especialistas de los GEAS localizó el cuerpo del joven. Desde la embarcación de superficie se comunicó inmediatamente el hallazgo al Puesto de Mando, confirmando el resultado positivo de la búsqueda.
A partir de ese momento, el operativo cambió por completo de naturaleza. La zona fue acordonada por la Guardia Civil, que restringió el acceso a cualquier persona ajena a la intervención en señal de respeto y para preservar las actuaciones judiciales necesarias hasta la llegada de la autoridad competente y del médico forense encargado del levantamiento del cadáver.
Mientras tanto, los servicios de emergencia movilizaron asistencia sanitaria para atender a los familiares y allegados presentes en el lugar, que comenzaban a asumir la dura realidad de lo ocurrido.
Concluidas las actuaciones judiciales y los informes correspondientes, los distintos equipos fueron retirándose progresivamente a sus bases. Lo hicieron con la satisfacción profesional de haber desarrollado un trabajo impecable, coordinado y eficaz, pero también con la tristeza inevitable que acompaña siempre a este tipo de intervenciones.
Detrás de las cifras, los medios desplegados y los protocolos de emergencia queda la historia de un joven de apenas 19 años, de nacionalidad venezolana, que había llegado recientemente a España en busca de una oportunidad y que trabajaba en Freigel. Quienes le conocían lo describen como una persona amable, trabajadora, cercana y siempre dispuesta a ayudar.
Su fallecimiento deja un profundo vacío entre familiares, amigos y compañeros de trabajo.
Ricobayo recuperará con el tiempo su tranquilidad habitual. El embalse volverá a llenarse de bañistas, pescadores y embarcaciones. Pero para muchas personas este fin de semana quedará grabado para siempre como el recuerdo de una tragedia que movilizó a toda una provincia y que volvió a demostrar la profesionalidad de quienes, cuando llega la emergencia, siempre están donde se les necesita.
Esta vez no pudo haber milagro.
Pero sí hubo entrega, coordinación y un trabajo impecable hasta el último momento.