Del bullicio al silencio
Si la mañana fue de palmas, familias y sonrisas, la noche se tornó recogida y profunda. A las 21:00 horas, la iglesia de San Julián de los Caballeros acogía el solemne rezo de las “Obras de la Misericordia”, antesala espiritual de una procesión que no busca el ruido, sino la reflexión.
Media hora después, a las 21:30 horas, se abrían las puertas del templo para dar salida al Santísimo Cristo de la Misericordia, obra de Juan Barberá (siglo XX), en uno de los recorridos más íntimos del calendario toresano.
Un recorrido entre historia y recogimiento
El cortejo avanzó por el corazón de Toro, atravesando calles que respiran historia: El Sol, Santa Marina, Amor de Dios, Arco del Postigo, Antigua, Plaza de los Cubos, Perezal, Bollos de Hito y San Lorenzo, antes de regresar a San Julián.
Un itinerario que, más allá del trazado, construye una atmósfera. Faroles, pasos contenidos y ese silencio que en Toro no se impone, se respeta.
La otra cara del Domingo de Ramos
La procesión del Cristo de la Misericordia representa esa transición que define la Semana Santa: del júbilo al recogimiento. Del inicio festivo a la introspección.
Organizada por la Asociación Parroquial del Santísimo Cristo de la Misericordia, esta cita se ha consolidado como uno de los momentos clave del arranque pasional en la ciudad.
Porque en Toro, la Semana Santa no es solo lo que se ve de día.
Es, sobre todo, lo que se siente cuando cae la noche.