lunes. 22.04.2024
Primera suspensión, la procesión del Via Crucis
Primera suspensión, la procesión del Via Crucis

Cada año, los vecinos de Zamora aguardan con fervor la llegada de la Semana Santa. Sus calles se engalanan con procesiones y fervor religioso, pero este año, un invitado no deseado, la lluvia, alteró el curso de las celebraciones. La expectación y la emoción se vieron ensombrecidas por las nubes grises que presagiaban una semana tormentosa. El primer golpe lo recibió el tradicional Via Crucis. La lluvia, implacable, obligó a cancelar esta procesión, sumiendo a los fieles en un inusual sentimiento de desolación.

El Silencio también se vio interrumpido por el tamborileo constante de la lluvia sobre los paraguas. Las lágrimas, silenciosas testigos de la desilusión y el dolor, se hicieron presentes en los rostros de aquellos que veían cómo sus anhelos quedaban postergados, al menos por un tiempo. 

También la Esperanza parecía desvanecerse entre las gotas que empañaban su rostro. Los fieles, con sus rostros también humedecidos, buscaban consuelo en la fe ante el imprevisto despliegue meteorológico. Para los cofrades, quienes llevaban meses aguardando este momento con ilusión y fervor, ver la posibilidad de que sus procesiones se vieran truncadas fue un golpe difícil de asimilar. El sacrificio y la dedicación invertidos en cada detalle, en cada preparativo, ahora parecían quedar en suspenso, a merced de las inclemencias del clima.

Poco a poco más fueron uniéndose; Vera Cruz, Nuestra Madre, la Soledad que, con su manto negro de luto, parecía encontrarse en sintonía con el cielo plomizo que se cernía sobre Zamora. Y, por último, la Resurrección, momento culminante de la Semana Santa, que también se vio empañada por la incertidumbre y la melancolía. 

Detrás de cada elección se esconde un mar de sentimientos encontrados, donde la pasión y la devoción se enfrentan a la necesidad de velar por la seguridad de todos. Es un dilema que confronta valores fundamentales, donde cada detalle, por pequeño que parezca, adquiere una importancia desmedida. Otras sí salieron, pero no como en años anteriores. Los pasos, en un andar más apresurado de lo habitual, sortearon charcos y calles mojadas en un intento por mantener viva la esencia de la tradición.

Una Semana Santa que quedará marcada por un sabor agridulce. Si bien la fe y la devoción prevalecieron, la lluvia recordó a todos que incluso las tradiciones más arraigadas pueden ser vulnerables.

La lluvia oscurece la Semana Santa de Zamora