Sanabria, entre el agua y el fuego: Zamora recuerda Ribadelago y afronta un 2025 de cicatrices

En este arranque de 2026, la provincia de Zamora mira al pasado y al presente con una mezcla de memoria, dolor y esperanza. El 9 de enero volvió a ser un día para el recuerdo —no solo desde la historia más lejana, sino también desde los avatares recientes que han marcado con fuerza a esta tierra tan castigada por la naturaleza.
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Hace 67 años, la rotura de la presa de Vega de Tera segó de raíz a un pueblo y a muchas vidas en la comarca de Sanabria. En la madrugada del 9 de enero de 1959, el agua liberada por el colapso del muro inundó en cuestión de minutos Ribadelago, llevando consigo la vida de 144 vecinos de aquella localidad zamorana y dejando una huella imborrable en la memoria colectiva de toda la provincia. 

Cada año, el aniversario se vive con solemnidad, con ofrendas florales, eucaristías y paradas para recordar a quienes no regresaron. El reciente Museo de la Memoria en Ribadelago Nuevo se ha convertido en un espacio necesario para no dejar caer el olvido sobre lo que muchos describen como uno de los sucesos más dolorosos de la historia de Zamora.

Pero si para muchos zamoranos —especialmente los sanabreses— aquel 9 de enero siempre fue un día de luto, 2025 añadió otro capítulo trágico e inesperado. El fuego arrasó extensas áreas de terreno en la provincia, y el incendio de Molezuelas de la Carballeda y otros focos cercanos se convirtieron en el mayor desastre forestal de la historia reciente de España, afectando a miles de hectáreas, obligando a evacuar poblaciones enteras y dejando no solo pérdida ecológica, sino también dolor humano. 

Para los vecinos de Ribadelago Viejo y Nuevo, la historia fue especialmente cruel. Aquella tierra que sufrió la devastación del agua volvió a sentirse amenazada por el fuego en pleno verano. Vecinos evocaron con tristeza el legado de una tragedia que parecía pertenecer al pasado, pero que resonó de nuevo entre las llamas. 

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