Las grandes concentraciones se recuerdan por las rutas, los conciertos o los espectáculos. Pero quienes llevan años acudiendo a Motos Sanabria saben que lo mejor casi nunca aparece en el programa oficial.
Lo mejor ocurre entre una cerveza y un café, entre un "¿de dónde venís?" y un "el año que viene volvemos". Entre una moto aparcada donde no debería y un motorista que busca las llaves con la misma cara con la que otros buscan las gafas... llevándolas puestas.
Porque sí. Motos Sanabria también tiene su aquel.
Y mucho.
Cuatro lanzaroteñas enamoradas de un río
Pocas cosas sorprenden más que ver a cuatro mujeres llegadas desde Lanzarote quedarse con la boca abierta contemplando el puente de Hermisende y el estuario del río Tuela.
Venían buscando uno de esos rincones que aparecen poco en las guías y terminaron encontrando uno de los secretos mejor guardados de la provincia.
Entre selfies, fotografías, baños de pies en el agua helada y cientos de "¡qué bonito!", confesaban que ellas viven rodeadas de paisajes espectaculares, pero que tanto verde junto, tanta agua y tanta tranquilidad les había hecho un auténtico "clic" en el corazón.
Y es que Sanabria tiene esa mala costumbre de quedarse dentro.
De Cantabria... al corazón de Sanabria
También llegaron desde Cantabria.
Ellos conocen bien las grandes concentraciones, especialmente la de Noja, junto a la playa de Trengandín, otra cita imprescindible para muchos motoristas.
Sin embargo, lo que más les sorprendió aquí no fueron las motos.
Fue la gente.
"Qué buen rollo hay."
Una frase repetida varias veces durante la conversación mientras hablaban de la Reserva del Lobo, de Castromil, de las carreteras sanabresas y de esa sensación de que cualquiera está dispuesto a echarte una mano aunque no te conozca de nada.
Eso también es Motos Sanabria.
Una luna de miel... con casco
Entre tantos miles de asistentes también había espacio para el amor.
Una pareja decidió terminar su luna de miel en El Puente de Sanabria.
Los últimos tres días antes de regresar a casa los quisieron vivir sobre la moto y rodeados de otros miles de apasionados de las dos ruedas.
La organización, al enterarse, no dejó pasar la ocasión y les regaló un recuerdo que difícilmente olvidarán.
Porque las mejores historias suelen ser las que no estaban escritas.
La siesta... deporte oficial
Si alguien piensa que en Motos Sanabria todo es gasolina y adrenalina, se equivoca.
La siesta juega en otra categoría.
Hubo auténticos especialistas.
Sillas estratégicamente colocadas frente a las barras de los bares, mesas convertidas en improvisadas almohadas y algún que otro motorista que parecía estar meditando profundamente... aunque el suave ronquido dijera exactamente lo contrario.
Después de tantos kilómetros, conciertos y rutas, el cuerpo también pide un respiro.
Y si es con una cerveza fresca cerca... todavía mejor.
La moto que dijo: "Hasta aquí"
Pero si hubo una imagen que arrancó sonrisas fue la de una pequeña scooter perfectamente aparcada... encima de un banco.
No sabemos si fue decisión de su propietario o si la pobre motocicleta decidió que ya había trabajado bastante durante el fin de semana.
La escena parecía decirlo todo.
"Hoy descanso yo."
Y quién sabe si el dueño terminó descabalgado por el cansancio... o por algún tazón de caldo sanabrés que invitaba más a dormir que a seguir conduciendo.
Un mate... en pleno corazón de Sanabria
Entre cafés, refrescos y cañas también apareció otro viejo conocido.
El mate.
El termo, la calabaza y la bombilla llamaban la atención de quienes pasaban por allí.
Una imagen que recordaba que Motos Sanabria hace tiempo que dejó de ser una concentración nacional para convertirse en una cita verdaderamente internacional.
Medio mundo... en una avenida
Durante estos días se escuchaban acentos de todas partes.
Portugal, Reino Unido, Francia, Italia, Austria, Marruecos, Albania, Cabo Verde... y muchos países de Latinoamérica compartieron espacio con motoristas llegados desde prácticamente toda España.
Cada uno con su moto.
Cada uno con su historia.
Y todos hablando el mismo idioma cuando se trataba de disfrutar.
"¿Alguien ha visto las llaves de una BMW?"
No podía faltar la anécdota clásica.
Un motorista comenzó a preguntar preocupado por las llaves de su BMW.
Las había perdido.
Durante unos minutos el nerviosismo fue creciendo... hasta que apareció quien las había encontrado.
Las guardó esperando localizar al propietario y el final fue el mejor posible.
Un apretón de manos.
Un abrazo.
Y esa sensación de que todavía queda mucha gente honrada.
No todo fue perfecto...
Porque tampoco sería justo contarlo así.
La inmensa mayoría entendió perfectamente el espíritu de la concentración.
Pero unos pocos volvieron a demostrar que hacer ruido no es hacer motociclismo.
Los cortes de encendido a las tres de la madrugada, los acelerones sin sentido junto al camping o en plena playa de los Enanos y los motores llevados al límite solo para llamar la atención empañaron momentos que merecían ser disfrutados en silencio.
También hubo quien decidió apropiarse de un par de altavoces de la megafonía de la organización.
Un gesto incomprensible en un evento levantado gracias al trabajo desinteresado de decenas de voluntarios.
Afortunadamente fueron la excepción.
Porque si algo ha vuelto a demostrar Motos Sanabria es que el respeto sigue siendo la norma y no la excepción.
Y quizá esa sea la mejor noticia de todas.
Porque al final, cuando las motos se marchan, los conciertos terminan y las calles recuperan la calma, lo que permanece no son los kilómetros recorridos.
Son las historias.
Y de esas... Sanabria vuelve a tener unas cuantas para contar hasta que llegue la edición número 33.