Gregorio de la Mano, el hombre de los 1.225 refranes de Carbellino de Sayago

En Sayago, la memoria popular se conserva en los cuadernos del exalcalde de Carbellino, Gregorio de la Mano, el hombre de los 1.225 refranes, que ha recopilado durante una década dichos y expresiones tradicionales. Fue alcalde del municipio y defendió los intereses del pueblo durante la construcción de la presa de Almendra.
Gregorio hojea el cuaderno de refranes
photo_camera Gregorio hojea el cuaderno de refranes

La memoria no siempre se conserva en archivos oficiales. A veces resiste en una mesa, en tinta y papel, en la obstinación de quien decide no olvidar. En Carbellino de Sayago, Gregorio de la Mano ha convertido sus cuadernos en un refugio contra el olvido, un archivo vivo donde laten 1.225 refranes y fragmentos de una forma de vida que se apaga en el medio rural.

Todo comenzó hace diez años, tras un ictus. Lo que en un primer momento fue una necesidad —mantener la mente activa, ordenar los días— se transformó en una tarea casi silenciosa pero persistente: anotar, clasificar, rescatar palabras que antes circulaban de boca en boca. Hoy, esa rutina ha derivado en una recopilación alfabética que no solo recoge dichos populares, sino también huellas de la vida cotidiana en Sayago: celebraciones, oficios, costumbres y formas de relacionarse que ya no tienen el mismo lugar.

“Los refranes los voy apuntando como me llegan”, explica. Conversaciones, lecturas, recuerdos sueltos que va fijando en el papel con la conciencia de que cada uno encierra una lógica propia: “todos tienen su porqué, aunque no siempre sepamos explicarlo”. En ese gesto cotidiano hay también una forma de resistencia cultural.

Entre los cientos que ha logrado conservar aparecen expresiones profundamente vinculadas a la identidad local, como “Al sayagués, no le quites que no lo merece ni le des porque no lo agradece”, que interpreta como un reflejo del carácter sayagués: “somos así, muy nuestros, y a veces nos perjudicamos a nosotros mismos con esa actitud”. Junto a estas formas más identitarias conviven otros ampliamente extendidos o adaptados al habla del entorno rural, como “al saber lo llaman suerte”, o “cuando venga el bien mételo en casa”.

El repertorio incluye también dichos de fuerte carga poética e imaginativa, como “borriquitos en el cielo, charquitos en el suelo” o “a burro muerto, cebada al rabo”, que evidencian la riqueza del lenguaje transmitido de forma oral. A ello se suman referencias directas a la vida agrícola y a los oficios tradicionales, como la comparación entre trabajos artesanales: “aunque los dos estén hechos por un carpintero, no es lo mismo hacer un carro que un alfilitero".

Pero sus cuadernos no se limitan a los proverbios populares. Son también un mapa emocional de Sayago, donde se registran prácticas sociales y festivas que han ido desapareciendo, dejando rastro únicamente en la memoria de quienes las vivieron. Cada anotación funciona como una pieza de un relato mayor: el de la transformación del mundo rural.

La trayectoria de Gregorio de la Mano añade otra capa a ese relato. Fue alcalde de la localidad en 1968 y reivindica una forma de gestión basada en la cercanía: “de puertas para dentro del Ayuntamiento se olvidan las siglas del partido y se trabaja por el pueblo”. Una visión política pegada al territorio, ajena a la lógica partidista que hoy domina otras escalas.

Cuaderno de refranes recogidos por orden alfabético
Cuaderno de refranes ordenados por orden alfabético

Durante su etapa fue testigo directo de uno de los grandes cambios estructurales de la comarca: la construcción de la presa de Almendra. Un proceso que recuerda como un “expolio”, marcado por compensaciones insuficientes y la pérdida de terrenos comunales y privados. “Nos querían despachar con un millón de pesetas y sin puente”, relata sobre unas negociaciones en las que el Ayuntamiento llegó a exigir infraestructuras básicas como el puente del molino del pozo.

Mientras tanto, en el presente, los cuadernos siguen creciendo. Página a página, Gregorio continúa ampliando un archivo donde la palabra conserva lo que el tiempo borra. Un trabajo silencioso que, sin pretenderlo, se ha convertido en uno de los testimonios más completos de la memoria oral de la provincia zamorana.

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