La tragedia de los últimos incendios ha dejado heridas abiertas en Sayago, pero también una reacción que puede marcar un antes y un después.
Zafara acogió una reunión vecinal que ha servido para poner en marcha una mesa de trabajo destinada a mejorar la prevención de incendios en los pueblos de la comarca, una iniciativa nacida desde el territorio, desde quienes han visto las llamas acercarse a sus casas, explotaciones y recuerdos, y desde quienes consideran que no se puede esperar a que vuelva a ocurrir para actuar.
La convocatoria ha superado las expectativas iniciales. Uno de sus impulsores, Pepo Guim Segurado, vinculado familiarmente a Mámoles de Sayago, explicó que la iniciativa surgió después de vivir personalmente las consecuencias del incendio y comprobar que muchas de las carencias denunciadas durante años seguían estando presentes.
“Nos dimos cuenta de que no había capacidad de extinción necesaria”, resume sobre unas jornadas en las que llegaron a tener que valorar qué viviendas podían salvarse y cuáles estaban en mayor peligro.
La movilización ya ha conseguido reunir a más de 500 personas en un grupo de coordinación, una cifra especialmente significativa en una comarca como Sayago. El objetivo ahora es constituir una mesa formada por representantes de diferentes localidades y elaborar un documento común que pueda trasladarse a las distintas administraciones.
Agua, hidrantes y cortafuegos: tres necesidades que se repiten pueblo tras pueblo
Los testimonios recogidos durante estos días apuntan reiteradamente hacia tres problemas.
El primero es el agua.
Durante los incendios se produjeron situaciones en las que los equipos de extinción tuvieron dificultades para abastecerse. En algunos casos fueron las piscinas particulares o municipales las que permitieron cargar agua y continuar los trabajos.
Los vecinos relatan incluso colas de camiones de bomberos esperando para poder abastecerse y vehículos obligados a desplazarse hasta otras localidades para encontrar puntos de carga.
La segunda gran cuestión son los hidrantes y bocas de incendio.
Los impulsores de la mesa señalan que existen instalaciones que no se encuentran en condiciones adecuadas, problemas de presión y, además, diferentes modelos de conexiones entre unos municipios y otros.
La propia documentación recopilada por los vecinos refleja que en algunos pueblos existen bocas de un modelo diferente al empleado habitualmente por determinados medios de extinción, lo que puede obligar a utilizar adaptadores en momentos en los que cada minuto cuenta.
La propuesta pasa por revisar las instalaciones existentes, garantizar presión suficiente y, en la medida de lo posible, unificar los sistemas para que cualquier equipo pueda acceder al agua rápidamente.
El tercer punto son los cortafuegos y el mantenimiento del entorno de los pueblos.
La pérdida de actividad ganadera, el abandono progresivo del monte y la acumulación de combustible vegetal han convertido muchas zonas próximas a los núcleos habitados en espacios especialmente vulnerables.
Los vecinos reclaman que alrededor de las localidades existan zonas de seguridad correctamente mantenidas que permitan frenar o, al menos, dificultar el avance de las llamas.
Un cuarto punto fundamental: planes de evacuación
Durante la reunión surgió además otro asunto que puede convertirse en uno de los pilares del documento definitivo: los planes de evacuación y emergencia para los pueblos.
La experiencia de los últimos incendios ha demostrado que no siempre es posible evitar el fuego. Por eso, cuando llega, cada localidad debería saber previamente qué hacer.
Dónde están los hidrantes.
Dónde pueden cargar agua los equipos.
Qué caminos deben mantenerse libres.
Cómo deben evacuarse los vecinos.
Dónde deben dirigirse las personas mayores o con movilidad reducida.
Qué puntos pueden utilizarse como zonas seguras.
Pepo Guim Segurado reconoce que esta cuestión ha terminado incorporándose al borrador porque durante el incendio se percibieron problemas de coordinación y equipos que desconocían la ubicación de determinados puntos de agua.
La filosofía es sencilla: la información tiene que existir antes de la emergencia, no buscarse cuando el fuego ya está entrando en el pueblo.
“Se está gastando muchísimo más en extinción que en prevención”
Uno de los mensajes centrales de la iniciativa es la necesidad de cambiar las prioridades.
Los participantes consideran que existe una enorme diferencia entre los recursos destinados a combatir un incendio cuando ya se ha declarado y los empleados previamente para evitar que alcance dimensiones catastróficas.
“Se está gastando muchísimo más en extinción que en prevención. Y eso no puede ser”, señaló Pepo durante sus declaraciones.
La reflexión es especialmente relevante después de lo vivido en Sayago.
Grandes dispositivos de extinción, helicópteros, brigadas, bomberos procedentes de diferentes territorios, Guardia Civil y cientos de personas movilizadas durante días frente a inversiones preventivas que los vecinos consideran insuficientes.
La reivindicación no pretende eliminar ni reducir los medios de extinción.
Todo lo contrario.
Pretende que el incendio llegue a encontrarse un territorio mejor preparado cuando esos medios tengan que intervenir.
Documentos y reclamaciones que vienen de lejos
Uno de los elementos más importantes descubiertos durante la preparación de esta iniciativa es que muchas de estas reclamaciones no son nuevas.
Los vecinos han comenzado a recopilar escritos registrados durante años ante ayuntamientos, mancomunidades, administraciones y organismos relacionados con el Parque Natural de Arribes del Duero.
Entre ellos aparece documentación de 2013 de la Asociación Cultural Peñas Altas de Mámoles, en la que se solicitaban actuaciones destinadas a proteger el enebral, la propia población y revisar las bocas de incendio.
También se ha localizado trabajo previo realizado en Zafara sobre el funcionamiento de armarios y mangueras instalados en la localidad.
La intención es incorporar esta documentación al futuro expediente para demostrar que parte de las necesidades que hoy vuelven a plantearse ya habían sido advertidas años atrás.
Una mesa por pueblos
La reunión de Zafara no pretende quedarse en una fotografía o en una protesta puntual.
La propuesta organizativa pasa por crear una mesa con representantes de los distintos pueblos de Sayago.
Cada localidad podrá designar personas encargadas de trasladar sus problemas específicos y sus propuestas.
En Mámoles, por ejemplo, ya se había celebrado previamente una reunión para elegir representantes y organizar incluso una recogida de firmas casa por casa.
A partir de ahí se pretende elaborar un documento técnicamente sólido, reunir apoyos ciudadanos y determinar ante qué administraciones debe registrarse.
La intención de los promotores es que la reivindicación tenga continuidad y no desaparezca cuando se apaguen definitivamente las brasas.
“Esto no va de política”
Otro de los principios repetidos durante la reunión fue alejar la iniciativa de cualquier enfrentamiento partidista.
“Esto no va de política. No es contra uno, contra el otro. Es a favor absolutamente de todos”, se explicó durante la reunión.
La mesa pretende reunir a vecinos, ganaderos, propietarios, asociaciones y personas vinculadas a Sayago independientemente de su ideología.
El objetivo común es el territorio.
Y la seguridad.
Los propios organizadores reconocen que las administraciones tienen responsabilidades, pero también consideran que los vecinos deben asumir las suyas.
No se pretende que cada pueblo disponga de un parque de bomberos, algo difícilmente viable, sino que las localidades estén preparadas para facilitar el trabajo de los equipos profesionales cuando llegue una emergencia.
Los jóvenes, protagonistas cuando las llamas cercaron los pueblos
La reunión también sirvió para reconocer el papel desempeñado por numerosos jóvenes durante los incendios.
Muchos estaban en Sayago durante el verano y se movilizaron inmediatamente para ayudar.
Especialmente emotivo fue el recuerdo a jóvenes de Formariz que, después de haber sufrido el incendio en su propio pueblo, acudieron a colaborar en Mámoles.
También hubo agradecimientos para bomberos y equipos llegados desde Cádiz, Cantabria y otros lugares, además de voluntarios y profesionales desplazados para ayudar en la extinción.
Ese comportamiento es precisamente uno de los argumentos utilizados por los impulsores para mantener viva la iniciativa.
Después de ver a personas arriesgando su propia seguridad para proteger pueblos que en ocasiones ni siquiera eran los suyos, consideran que permitir que todo vuelva a olvidarse sería una falta de respeto hacia quienes estuvieron allí.
Cuando una pista de pádel no apaga un incendio
La reunión dejó también espacio para una reflexión incómoda.
Los pueblos necesitan fiestas, espacios deportivos, cultura y servicios.
Pero cuando no existen infraestructuras básicas para responder ante una emergencia, las prioridades deben revisarse.
La crítica de algunos participantes fue clara: resulta difícil entender determinadas inversiones mientras existen pueblos sin puntos de agua suficientes, hidrantes adaptados, presión adecuada o zonas de seguridad frente al fuego.
Uno de los testimonios lo resumió de una forma gráfica: si hay que invertir, quizá antes que determinadas infraestructuras debería garantizarse un gran punto de almacenamiento de agua donde helicópteros y camiones puedan abastecerse rápidamente.
No se trata de enfrentar ocio contra prevención.
Se trata de establecer prioridades.
Porque una pista deportiva puede esperar un ejercicio presupuestario.
Un incendio no espera.
De Zafara a todo Sayago… y quizá más allá
Aunque el movimiento nace en Sayago, sus impulsores no descartan que el modelo pueda reproducirse en otras comarcas afectadas por incendios.
Aliste, Sanabria o cualquier otro territorio rural con problemas similares podría compartir reivindicaciones y experiencias.
El objetivo inmediato, sin embargo, es más cercano.
Crear la mesa.
Nombrar representantes.
Recoger firmas.
Recopilar documentación.
Preparar un documento sólido.
Y llamar a todas las puertas necesarias.
Lo sucedido en Zafara supone un primer paso.
Quizá pequeño frente a la magnitud del problema.
Pero importante porque nace de quienes han visto el fuego demasiado cerca.
La filosofía que quedó encima de la mesa puede resumirse en una idea: no esperar al próximo incendio para volver a descubrir las mismas carencias.
Sayago ha sufrido.
Sayago se ha quemado.
Pero esta vez una parte de sus vecinos ha decidido que, después de apagar las llamas, queda otro incendio que combatir: el del olvido y la falta de prevención.