domingo 29/5/22
Foto de recurso Santa Clara
Foto de recurso Santa Clara

Ni la oportunidad que ha supuesto la crisis del Covid para muchos de los zamoranos que han podido regresar a sus casas -la mayoría gracias al teletrabajo- ni las ayudas que desde las instituciones están impulsando, especialmente ahora con las elecciones a la vuelta de la esquina, parecen dar con la 'tecla' mágica para frenar la sangría poblacional que azota a la provincia desde hace décadas. 

Y es que ni el teletrabajado ha servido para aliviar un descenso poblacional que, incluso, se ha incrementado tras la pandemia tanto si tomamos como referencia el año 2020 marcado por el confinamiento y las restricciones como en 2019 antes del impacto de la crisis Covid. 

En concreto, el territorio zamorano ha pedido en el último año 1.863 personas que han abandonado la tierra, lo que deja el total de población por debajo de la cota psicológica de los 170.000 para situarse en concreto en los 168.725. Más de un tercio de esa pérdida poblacional se concentra en la capital que anota 691 zamoranos censados menos hasta los 60.227 actuales. Además, suponen 273 más con respecto a la pérdida que se anotó en 2020 (con una pérdida de casos) y 270 más si tomamos como referencia el año 2019 por la crisis del Covid y las restricciones. 

Por género, el padrón de la capital anota 270 hombres menos frente al número de mujeres que cae en 225 con respecto al año anterior por lo que el número de nacimientos apenas ha servido para contrarrestar una pérdida demográfica que cada año se constata como un peligroso futuro para la provincia. 

 

Si bien la mayor sangría se sigue concentrando en las zonas rurales. El resto de municipios de la provincia concentran una pérdida superior al 62% de esos 1.863 vecinos que desaparecen de los censos municipales. 

A la pérdida de población natural por la naturaleza que sea (búsqueda de trabajo u oportunidades, fallecimiento, etc), la estadística del INE suma también las muertes registradas por Covid en un año marcado por la letalidad de la segunda ola.  

La provincia sigue desangrándose pese a la crisis del Covid
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